—¿Quién vive?

—¡Amigo! respondió otra voz desde más lejos.

El Jaguar se estremeció, y hablando consigo mismo, murmuró:

—¡Tranquilo aquí! ¿Por qué razón me buscará?

En seguida se lanzó en la dirección en que suponía que había de encontrar al cazador de tigres.


[XXII.]

EL ZORRO-AZUL.


Volveremos ahora al Zorro-Azul y a sus dos compañeros, a quienes en un capítulo anterior abandonamos en el momento en que, oyendo silbar una bala junto a sus oídos, se atrincheraron instintivamente detrás de unas rocas y unos troncos de árbol.