—¡Eh! ¿Qué quieren VV. aquí?
El Zorro-Azul iba a contestar, pero John Davis se lo impidió, diciéndole:
—Déjeme V. a mí.
Separándose entonces del tronco del árbol que le guarecía, se adelantó resueltamente algunos pasos, y parándose hacia el centro de la explanada, dijo en voz alta y firme:
—¿Dónde está V., él que habla? ¿Teme V. darse a luz?
—Yo no temo nada, respondió el Desollador.
—Entonces déjese V. ver para que le conozcan, repuso John en tono de zumba.
El Desollador, tan luego como se vio interpelado de este modo, hizo saltar a su caballo y fue a parar a dos pasos del cazador, diciendo,
—Heme aquí: ¿qué me quiere V.?
Davis había dejado llegar el caballo sin hacer ningún movimiento para huir de él, y dijo.