Que empuja el mar y que acaricia el céfiro,

Tal vez allí dormía

Al soplo de sus labios entreabiertos.

—¡Oh! ¿Quién así—pensaba—

Dejar pudiera deslizarse el tiempo?

¡Oh, si las flores duermen,

Qué dulcísimo sueño!

XIX

Cuando sobre el pecho inclinas

La melancólica frente,