Y tus tendidas pestañas
Semejan arcos de ébano;
Por escuchar los latidos
De tu corazón inquieto,
Y reclinar tu dormida
Cabeza sobre mi pecho,
Diera, alma mía,
Cuanto poseo:
¡La luz, el aire
Y el pensamiento!
Y tus tendidas pestañas
Semejan arcos de ébano;
Por escuchar los latidos
De tu corazón inquieto,
Y reclinar tu dormida
Cabeza sobre mi pecho,
Diera, alma mía,
Cuanto poseo:
¡La luz, el aire
Y el pensamiento!