Roca que firme aguarda su vaivén:
¡Tenías que romperte ó que arrancarme!...
¡No pudo ser!
Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados
Uno á arrollar, el otro á no ceder;
La senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!
XLII
Cuando me lo contaron sentí el frío
De una hoja de acero en las entrañas;