Tenía un corazón.

Á contemplarlo en la desierta plaza

Nos paramos los dos:

Y «ése—me dijo—es el cabal emblema

De mi constante amor.»

¡Ay! es verdad lo que me dijo entonces:

Verdad que el corazón

Lo llevará en la mano... en cualquier parte...

Pero en el pecho, no.

XLVI