Tenía un corazón.
Á contemplarlo en la desierta plaza
Nos paramos los dos:
Y «ése—me dijo—es el cabal emblema
De mi constante amor.»
¡Ay! es verdad lo que me dijo entonces:
Verdad que el corazón
Lo llevará en la mano... en cualquier parte...
Pero en el pecho, no.