Atacar a los que brillan es el procedimiento de los anónimos para alcanzar notoriedad. Por eso se debe responder con el silencio más profundo a sus mañosas-acometidas.
Nuestro ridículo concepto del honor, no pudo hallar medio más adecuado de resolver sus ridículos conflictos que el duelo.
El Juicio de Dios—combate antiguo y absurdo—es el origen del duelo: ¡resabio caduco de que se gloría nuestra edad progresiva y razonadora!
Cuando un canalla nos ofende, estamos en el deber de retarle. ¿Y si el canalla es un espadachín y nos mata?
A un hombre que no supiese cantar, nadie le pediría que cantase, para arreglar un asunto de honor. Sin embargo, se le exige que se bata, aunque no sepa ni una jota de Esgrima.