La materia prima o toquilla, de la cual se hacen los sombreros y que reúne las admirables cualidades de solidez, ligereza, durabilidad, elasticidad e impermeabilidad del artículo elaborado, se produce principalmente en el Ecuador, aunque también se encuentra en Colombia y en los bosques del alto Amazonas. El arbusto tiene de seis a diez pies de alto y crece más lozano en las regiones cálidas y húmedas. Tiene la forma de un abanico, asemejándose al palmito, siendo así que la calidad de la fibra varía mucho en diferentes localidades, y en esta variación consiste la diferencia del costo del sombrero de Panamá.
El precio de la materia prima depende del lugar en donde se produce, del color, longitud, espesor y número de hilos de cada madeja de paja nuevamente recogida.
Las hojas de forma de abanico deben cortarse del tronco del arbusto antes de abrirse o a medida que maduren. Entonces se despojan de sus filamentos exteriores, se sumergen unos cuantos segundos en agua hirviendo y luego se sacan un momento, para ser sumergidas otra vez un instante. Después de esto se sacan y sacuden fuertemente, se cuelgan a la sombra para que se sequen y al cabo de uno o dos días se ponen al sol para que sus ardientes rayos las blanquee. Si al baño de agua caliente se agrega un poco de zumo de limón, la paja resulta mucho más blanca. Al cabo de uno o dos días las fibras se encogen y adquieren una forma cilíndrica, se hacen compactas y ligeras, lo mismo que una cuerda, y entonces la paja está lista para ser tejida.
Anteriormente se decía que los sombreros de Panamá se tejían debajo del agua, lo cual no es enteramente exacto, por más que es necesario conservar la paja completamente húmeda mientras permanece en las manos del tejedor. Un manipulador o tejedor hábil termina un sombrero en cinco o seis meses, trabajando siempre a la hora del crepúsculo o la del alba, que son las únicas horas propicias para tejer los mejores sombreros de jipijapa. Las mujeres y los niños llegan a ser los tejedores más hábiles, no obstante que algunas veces se encuentran hombres que tienen suficiente habilidad en los dedos para obtener éxito en el arte de fabricarlos.
Las provincias de Manabí y Guayas, en el Ecuador, exportan los sombreros más finos, y de allí proceden los famosos jipijapas o modelos de Montecristo y Santa Elena. Se exportan grandes cantidades de toquilla a Piura, Perú, para hacer catacaos, como se llaman los sombreros fabricados en Catacao, población de Piura.
En Antioquia, Colombia, también se tejen sombreros de Panamá. Las escuelas que se establecieron recientemente en la república de Panamá han tenido mucho éxito; y aun puede decirse que ésta es una industria muy importante en Honduras. Santa Bárbara es el centro del comercio de sombreros de esta última república, y el precio de cada sombrero varía desde dos hasta veinticinco dólares. A la toquilla se le ha puesto el sobrenombre de junco, pero la planta se somete al mismo tratamiento que en el Ecuador, por más que algunas veces es tratada con humo de azufre para producir una paja más blanca.
Casi todos los sombreros los compran los agentes viajeros o los mercaderes del país, que van de aldea en aldea escogiéndolos, para exportarlos luego a Europa, a los Estados Unidos y a otros países, porque en toda la América latina siempre hay una buena demanda por sombreros de Panamá, que, sin disputa, son los mejores para los climas cálidos. Son muy cómodos, ligeros, resguardan la cabeza admirablemente de los rayos del sol, son impermeables y duran muchísimo. Consta que un buen sombrero de Panamá puede limpiarse y volverse a limpiar año tras año sin deteriorarse.
Es probable que, como consecuencia de relaciones más íntimas que se están desarrollando entre los Estados Unidos y las repúblicas latinoamericanas, el uso de estos sombreros se generalice todavía más, puesto que no puede obtenerse nada que proteja mejor de los rayos del sol durante el verano casi tropical de los Estados Unidos que el renombrado sombrero de Panamá.
CUESTIONARIO
1. ¿Dónde se fabrican en mayores cantidades los sombreros de jipijapa?