Aunque vinieron a Chile muchos colonos españoles, se adelantó muy poco, a causa de los numerosos ataques de los indomables araucanos. Estos ataques continuaron hasta 1640, año en que el gobernador español concluyó un tratado con ellos. Según este tratado el río Biobío sería el límite entre blancos e indios, y éstos debían ayudar a defender el país contra las invasiones de los filibusteros ingleses y holandeses.
A principios del siglo diecinueve, cuando se despertó en el continente sudamericano el espíritu de la independencia, Chile destituyó la autoridad española y creó un gobierno provisional.
Sin embargo, España no estaba dispuesta a dar por perdidas sus colonias sudamericanas y mandó a Chile muchas tropas del Perú, baluarte del poder realista. Por fin, con la ayuda del patriota y soldado argentino, San Martín, se derrotó a los españoles en la batalla de Maipú en 1818, así poniéndose fin al poder español en Chile.
Grupo de indios araucanos.
El general Bernardo O'Higgins, que se había distinguido en la guerra de la independencia, fué nombrado dictador de la nación chilena. En el mismo año de 1818 fué adoptada por el pueblo una constitución preparado por un comité que había nombrado O'Higgins.
Una vista del estrecho de Magallanes.
A raíz de la guerra de la independencia y el establecimiento de la república vino un período de disturbios políticos (1818-1833), durante el cual se verificaron muchas tentativas infructuosas para formular una constitución más satisfactoria. Este período terminó en 1833 con la adopción de la constitución que, con ciertas modificaciones, rige desde entonces en Chile.
Entre los grandes estadistas que contribuyeron a la formación de la república así como existe hoy, uno de los más grandes fué don Diego Portales, el que era ministro de hacienda bajo la presidencia de Prieto. Portales arregló el sistema financiero y a él se debe la formación de la constitución actual.