—¿Me permite usted quedarme un momento a su lado? La he visto venir desde lejos; para mí es un placer verla caminar. Son muy pocas las mujeres que saben moverse con gracia; es un verdadero signo de raza. Yo no amaría nunca, ni aun me fijaría en una mujer que no tuviera esa elegancia de movimientos cuyo ritmo es, a mi juicio, la revelación del carácter. Las personas vulgares conservan siempre una actitud vulgar; se conoce la distinción de una mujer en su manera de andar. Observe usted a la señorita Diana, a las jovencitas de Blandieres, y lo mismo a la linda Mabel d'Ornay ¡qué diferencia! Examinando su modo de andar, cuando se es verdaderamente observador y conocedor, es fácil apercibirse que en ellas las proporciones del cuerpo no son armónicas; hay allí, seguramente, algún defecto de arquitectura. En cambio usted debe tener las piernas de Diana.

La joven se ruborizó, pero quedó excusada de contestar porque en ese momento llegaban Alicia y Diana.

—¡Cómo, todavía de flirt!—exclamó Alicia, acercándose;—¡es demasiado! Diga, Martholl, espero que esto no le habrá hecho olvidar su promesa de acompañarme en bicicleta hasta la granja Dutot, donde encontraremos a los d'Ornay y sus amigos. ¿Vendrán ustedes, con nosotros?—añadió sin entusiasmo, dirigiéndose a las dos primas.

—No, querida mía—se apresuró a decir María Teresa que no quería dar tiempo a Diana de contestar afirmativamente.—Mamá nos ha pedido hoy que la ayudemos en ciertos arreglos de la casa que tienen que estar concluidos antes de nuestra partida, y no quisiera substraerme a este pequeño trabajo bajo pretexto de pasear. A la noche nos veremos en el Casino; ¡hasta la vista! divertirse mucho.

Y llevándose consigo rápidamente a Diana, dejó al joven en las garras de Alicia que quería absolutamente que la acompañase hasta su casa.

Mientras se alejaban las dos jóvenes, Diana, contrariada por haber perdido aquel paseo, dijo a su prima:

—¿Por qué has rehusado la partida en bicicleta? Tía se habría pasado muy bien sin nosotras esta tarde.

—No, Diana; es mejor que nos quedemos con mamá. Y además, no me gusta mucho correr así por los caminos, solas con jóvenes.

—¡Qué rígida eres! ¡Pero si ahora es perfectamente admitido! Has hecho mal en no ir a la granja Dutot; estoy cierta que Alicia va a aprovecharse de tu ausencia para apoderarse de tu flirt. No le gusta que sus amigas tengan más éxito que ella, y este verano, no hay duda, eres tú quien ha tenido más éxito. Martholl era el punto de mira de todas las jóvenes que han pasado la estación aquí. Cada una de nosotras esperaba conquistarlo, ¡es tan chic! Realza el tener un flirt de esa calidad. No sé si es inteligente—añadió Diana, que no habiendo sido cortejada por él, quería gratificarlo con algún defecto.—Es seguramente menos entretenido que Platel. Huberto sólo vale cuando se le mira... es inútil que alces los hombros, tiene algo así como la belleza del ganso, pero la tiene, y superior, convengo en ello.

Diana estaba locuaz; continuó hablando, en tanto que María Teresa la seguía en silencio.