[113] Estos fenómenos antiguos del Nilo se observan todavía, aunque se ignoró la razón de ellos hasta la entrada de los portugueses, que la descubrieron en las copiosísimas lluvias que caían en la Etiopía, y que acrecentaban el Nilo, como sucede en la India con el Indo y Ganges.
[114] Parece que estos vientos anuales son principalmente los cierzos o los del poniente.
[115] Los modernos descubrimientos han demostrado la inexactitud de estas observaciones de Heródoto, habiéndose visto que los Andes en la zona tórrida están siempre coronados de nieve, y que la lluvia dura todas las noches bajo los trópicos por algunos meses continuos.
[116] Los egipcios, según Diodoro Sículo, llamaban río Océano al Nilo. Heródoto niega la existencia del Océano como río, no como mar.
[117] Alude a la opinión común de que el sol se alimenta de los vapores atraídos.
[118] Antes bien en lo interior del África son muchos y caudalosos los ríos: ni es verdad tampoco que no se conozcan allí los vientos y las tempestades, pues estas son recias y van acompasadas a veces con piedra y granizo, y los vientos templan el calor y hacen la región habitable. Todo este pasaje fue ya refutado por Plutarco, Diodoro Sículo y otros.
[119] Los abisinios tienen cuatro estaciones, no menos que nosotros, que llaman el Matzau, el Tzadai, el Hagai y el Gramt. Su Matzau o primavera empieza el 25 de septiembre, y cada estación ocupa tres meses.
[120] A los misioneros portugueses se debió el descubrimiento de las fuentes del Nilo.
[121] No carece de fundamento que un brazo del Nilo desde la Etiopía tome su curso hacia el Océano y forme el Níger, río en todo parecido al del Egipto.
[122] La brillante y animada narración que sigue mereció los elogios de Longino. «¿No ves, dice el crítico más juicioso de los antiguos, cómo Heródoto, cogiéndote por la mano, te lleva consigo por aquellos lugares, y hace que veas lo que habías de oír?». Esta traducción la tomo de la que hice del mimo autor, cuyo traslado limpio y casi perfecto se me quedó en Tarragona.