[361] Sin la memoria de tales oráculos, que ciertamente salieron hueros, no hubiera acariciado tanto a los atenienses la política espartana, con el fin de no ponerse a peligro de perder el imperio de la Grecia.

[362] Esto, según Plutarco, lo dijo Arístides señalando al sol con el dedo.

[363] Tres eran los hermanos Alévadas, príncipes de Tesalia, Eurípilo, Trasidemo y Tórax.

[364] Con esto desmiente Heródoto a los oradores Demóstenes y Esquines, cuando afirman que pasó en efecto al Peloponeso un tal Artimio, con grandes sumas para desconcertar la unión de los griegos.

[365] Heródoto no hace mención de otro apedreado por motivo semejante, según parece, llamado Cirselo, si estamos a lo que dicen Demóstenes, Cicerón y otros.

[366] Como tal había sido escogido por Éaco, quien en Egina le erigió un templo.

[367] Estos vecinos de las ciudades subalternas del estado eran la segunda clase de tres que había en Lacedemonia, inferiores a los espartanos o moradores de la ciudad, y superiores a los ilotas o esclavos.

[368] Tanto las Esfendaleas como Decelia eran villas de la tribu Hipóntida, en la costa del Ática, fronteriza a Eubea. Tanagra es la moderna Anatoria, y Escolo una ciudad de la Beocia al pie del monte Citerón.

[369] Pausanias pone las ruinas de Hisias y Eritras a las raíces de Citerón, en la comarca de Platea.

[370] Esta sentencia, que pone ya el autor en boca de Cambises (lib. III, c. LXV), demuestra que estaba extendido entre los persas el fatalismo; error que, nacido de una fuente pura como es la presencia de Dios, conduce a las más fatales, consecuencias.