[121] Abdera, ahora Asperosa.
[122] Quizá este Crío sería un luchador a quien alabó Simónides en una de sus poesías; en tal caso la pregunta de Cleómenes al egineta de cómo se llamaba, naciera más bien de ánimo de insultador que de verdadera ignorancia de su nombre, que tan célebre debiera ser.
[123] Estas alusiones al nombre o satíricas o laudatorias, si se hacen parca y oportunamente, cuales alguna vez las usó Cicerón, no las rechaza el gusto más delicado; pero si se buscan afectada y frecuentemente, como en Italia y España en el último siglo, son indicios de un gusto depravado y corrompido.
[124] Ignórase a qué poetas alude el autor: lo cierto es que los escritores griegos, menos Jenofonte y Plutarco, son contrarios a esta opinión de los lacedemonios.
[125] Esta división del reino había reducido el estado a una verdadera anarquía antes de Licurgo, aunque bajo la legislación de este, que mudó la monarquía en república, quizá la emulación entre dos príncipes subordinados al estado pudo ser incentivo para la virtud.
[126] Para buscar la genealogía de los reyes dorios o Heráclidas es preciso inquirir la de Heracles y la de los reyes de Argos, de quienes este descendía. El reino de Argos, fundado por Ínaco el año 2148 del mundo, duró 550 hasta Perseo su décimoquinto rey, que fundó a Micenas, dividiéndole en dos reinos y continuando a reinar en el de Argos los descendientes de Perseo. Ahora bien, Perseo, bisabuelo de Heracles, era oriundo de Egipto por su abuelo materno Acrisio, descendiente de Hipermnestra, hija del egipcio Dánao, que había traído a Grecia una colonia. Así se ve que la narración de Heródoto, tanto en sí, como por ser la expresión de la opinión común de los griegos, de que no sale fiador, no mereció la reprensión de Plutarco.
[127] Otros quieren que estas guardias reales subiesen a 300.
[128] El medimno venía a tener 6 celemines.
[129] Eran los próxenos unos comisarios o cónsules encargados de los negocios de las otras ciudades, en cada una de las cuales había otro próxeno nombrado por los espartanos para agente de sus intereses. Los pitios y el agorero asesor de los reyes venían a ser, si se me permite la expresión, los teólogos del estado.
[130] Las leyes de Licurgo obligaban a que los espartanos comiesen en comunidad repartidos en sus respectivos refectorios o sisitía, como se llamaban, en los que los reyes con sus éforos y gerontes formarían mesa aparte.