PRINCIPALÍA DE DIOMEDES
1 Entonces Palas Minerva infundió á Diomedes Tidida valor y audacia, para que brillara entre todos los argivos y alcanzase inmensa gloria, é hizo salir de su casco y de su escudo una incesante llama parecida al astro que en otoño luce y centellea después de bañarse en el Océano. Tal resplandor despedían la cabeza y los hombros del héroe, cuando Minerva le llevó al centro de la batalla, allí donde era mayor el número de guerreros que tumultuosamente se agitaban.
9 Hubo en Troya un varón rico é irreprensible, sacerdote de Vulcano, llamado Dares; y de él eran hijos Fegeo é Ideo, ejercitados en toda especie de combates. Éstos iban en un mismo carro; y separándose de los suyos, cerraron con Diomedes, que desde tierra y en pie los aguardó. Cuando se hallaron frente á frente, Fegeo tiró el primero la luenga lanza, que pasó por cima del hombro izquierdo de Tideo sin herirle; arrojó éste la suya y no fué en vano, pues se la clavó á aquél en el pecho, entre las tetillas, y le derribó por tierra. Ideo saltó al suelo, abandonando el magnífico carro, sin que se atreviera á defender el cadáver—no se hubiese librado de la negra muerte,—y Vulcano le sacó salvo, envolviéndole en densa nube, á fin de que el anciano padre no se afligiera en demasía. El hijo del magnánimo Tideo se apoderó de los corceles y los entregó á sus compañeros para que los llevaran á las cóncavas naves. Cuando los altivos teucros vieron que uno de los hijos de Dares huía y el otro quedaba muerto entre los carros, á todos se les conmovió el corazón. Y Minerva, la de los brillantes ojos, tomó por la mano al furibundo Marte y hablóle diciendo:
31 «¡Marte, Marte, funesto á los mortales, manchado de homicidios, demoledor de murallas! ¿No dejaremos que teucros y aquivos peleen solos—sean éstos ó aquéllos á quienes el padre Jove quiera dar gloria—y nos retiraremos, para librarnos de la cólera de Júpiter?»
35 Dicho esto, sacó de la liza al furibundo Marte y le hizo sentar en la herbosa ribera del Escamandro. Los dánaos pusieron en fuga á los teucros, y cada uno de sus caudillos mató á un hombre. Empezó el rey de hombres Agamenón con derribar del carro al corpulento Odio, caudillo de los halizones: al volverse para huir, envasóle la pica en la espalda, entre los hombros, y la punta salió por el pecho. Cayó el guerrero con estrépito y sus armas resonaron.
43 Idomeneo quitó la vida á Festo, hijo de Boro el meonio, que había llegado de la fértil Tarne, introduciéndole la formidable lanza en el hombro derecho, cuando subía al carro: desplomóse Festo, tinieblas horribles le envolvieron y los servidores de Idomeneo le despojaron de la armadura.
49 El Atrida Menelao mató con la aguda pica á Escamandrio, hijo de Estrofio, ejercitado en la caza. Á tan excelente cazador, la misma Diana le había enseñado á tirar á cuantas fieras crían las selvas de los montes. Mas no le valió ni Diana, que se complace en tirar flechas, ni el arte de arrojarlas en que tanto descollaba: tuvo que huir, y el Atrida Menelao, famoso por su lanza, le dió un picazo en la espalda, entre los hombros, que le atravesó el pecho. Cayó de bruces y sus armas resonaron.
59 Meriones dejó sin vida á Fereclo, hijo de Tectón Harmónida, que con las manos fabricaba toda clase de obras de ingenio porque era muy caro á Palas Minerva. Éste, no conociendo los oráculos de los dioses, construyó las naves bien proporcionadas de Alejandro, las cuales fueron la causa primera de todas las desgracias y un mal para los teucros y para él mismo. Meriones, cuando alcanzó á aquél, le hundió la pica en la nalga derecha; y la punta, pasando por debajo del hueso y cerca de la vejiga, salió al otro lado. El guerrero cayó de hinojos, gimiendo, y la muerte le envolvió.
69 Meges hizo perecer á Pedeo, hijo bastardo de Antenor, á quien Teano, la divina, criara con igual solicitud que á los hijos propios, para complacer á su esposo. El hijo de Fileo, famoso por su pica, fué á clavarle en la nuca la puntiaguda lanza, y el hierro cortó la lengua y asomó por los dientes del guerrero. Pedeo cayó en el polvo y mordía el frío bronce.
76 Eurípilo Evemónida dió muerte al divino Hipsenor, hijo del animoso Dolopión, que era sacerdote de Escamandro y el pueblo le veneraba como á un dios. Perseguíale Eurípilo, hijo preclaro de Evemón; el cual, poniendo mano á la espada, de un tajo en el hombro le cercenó el robusto brazo, que ensangrentado cayó al suelo. La purpúrea muerte y el hado cruel velaron los ojos del troyano.