Trasimedes (Θρασυμήδης): Caudillo griego, hijo de Néstor. Degüella la novilla en el sacrificio que Néstor ofrece á Minerva, [III, 414 á 450].

Trinacria (Θρινακίη): La isla de Sicilia, según la opinión casi unánime de todos los intérpretes, de la cual se separa Völcker, [XI, 107]; [XII, 127, 135]; [XIX, 275].

Tritogenia (Τριτογένεια): Epíteto de Minerva. Interprétase de diferentes maneras por los traductores: nacida junto al lago Tritón, en Beocia, Tesalia ó Libia; nacida en el tercer día del mes, etc., [III, 378].

Troya (Τροίη): Región de la Tróade y ciudad de la misma, llamada también Ilión, [I, 2], [62], [210], [327], [355]; [III, 257, 268, 276]; [IV, 6], [99], [146], [488]; [V, 39], [307]; [IX, 38], [259]; [X, 40], [332]; [XI, 160], [499], [510]; [XII, 189]; [XIII, 137], [248], [388]; [XIV, 229], [469]; [XV, 153]; [XVI, 289]; [XVII, 314]; [XVIII, 260, 266]; [XIX, 8], [187]; [XXIV, 37].

Ulises (Ὀδυσσεύς y Ὀδυσεύς): Rey de Ítaca, hijo de Laertes y de Anticlea, y padre de Telémaco: [II, 2], [415]; [III, 64], [352], [398]; [XV, 59, 63], [267], [554]; [XVI, 48], [118 á 120]; [XVII, 3], [152]; [XX, 283]. Es el protagonista del poema, que de su nombre Ὀδυσσεύς se llama Ὀδύσσεια, pues toda la acción gira á su alrededor hasta en las escenas en que no interviene. El poeta invoca á la Musa para que le hable de Ulises que, cuando los demás caudillos griegos habían vuelto de Troya á su respectiva patria, hallábase detenido por la ninfa Calipso, [I, 1 á 15]; todas las deidades, menos Neptuno, se compadecen del héroe, y en el concilio de los dioses propone Minerva que Mercurio vaya á decir á Calipso que le deje partir de la isla Ogigia, [I, 19 á 21], [48 á 87]; baja Minerva del Olimpo y, transfigurada en Mentes, se detiene en el vestíbulo de la morada de Ulises, [I, 103]; Telémaco toma la lanza de Mentes (Minerva) y la pone en la lancera de Ulises, [I, 129]; Mentes (Minerva) le dice á Telémaco que Ulises volverá, le pregunta si es su hijo pues se le parece mucho, [I, 196 á 212], se lamenta de la ausencia del héroe, le refiere cómo lo conoció y le asegura que si tornara se vengaría de los pretendientes, [I, 253 á 266]; Telémaco dice á Penélope que se resigne á oir el canto del aedo sobre la vuelta de los aquivos, pues no fué Ulises el único que perdió en Troya la esperanza de volver, [I, 346 á 355]; Telémaco, contestando á Antínoo, le dice que reine cualquiera en Ítaca, ya que murió Ulises, y él será señor de los bienes que éste adquirió, [I, 396 á 398]; un hijo de Egiptio había ido á Ilión con Ulises, [II, 17]; desde que se fué Ulises no se han reunido los itacenses en el ágora hasta que los convoca Telémaco, [II, 26 y 27]; laméntase Telémaco, en el ágora, de no tener en el palacio un hombre como Ulises, para arrojar del mismo á los pretendientes, [II, 59], y pide á éstos que se retiren, á no ser que Ulises les haya causado algún daño y quieran vengarse, [II, 71 á 73]; cuenta Antínoo que Penélope dijo á los pretendientes que, ya que había muerto Ulises, no instaran el casamiento hasta que ella acabara un sudario para Laertes, [II, 96 á 100]; Haliterses vaticina la vuelta de Ulises, [II, 163 á 177]; responde Eurímaco que Ulises murió lejos de su patria, [II, 182 y 183]; Ulises, al embarcarse, había encomendado su casa á Méntor, [II, 225 á 227]; dice Méntor que no tanto aborrece á los pretendientes como á los otros ciudadanos, pues si aquéllos devoran la casa de Ulises, ponen á ventura sus cabezas, [II, 233 á 241]; responde Leócrito que si Ulises volviera y luchara con los pretendientes, sería muerto por éstos, [II, 246 á 250]; vanse los pretendientes á la casa de Ulises, [II, 259]; dice Méntor (Minerva) á Telémaco que, como no le falta del todo la inteligencia de Ulises, realizará el viaje á Pilos y á Esparta, [II, 274 á 280]; dice uno de los pretendientes que quizás Telémaco morirá en el viaje, vagando como Ulises, [II, 333]; pide Telémaco á Euriclea que le ponga en ánforas el vino que sea más suave después del que guarda para Ulises, [II, 340 á 352]; dice Euriclea que Ulises ha muerto en un pueblo ignoto, [II, 366]; Minerva va al palacio de Ulises y les infunde sueño á los pretendientes, [II, 393 á 395]; dice Telémaco á Néstor que ha ido á Pilos por si oyere hablar de Ulises, [III, 81 á 84], y le ruega que, si el héroe le cumplió algún día una promesa, le relate ahora cuanto sepa del mismo, [III, 98 á 101]; dice Néstor que, mientras los aqueos permanecieron en Troya, nadie se igualó en prudencia con Ulises y que éste y él siempre estuvieron de acuerdo, [III, 121 á 127]; desde Ténedos, Ulises y los que le acompañaban volvieron á Troya para complacer á Agamenón, [III, 162 á 164]; desea Néstor que Minerva proteja á Telémaco como asistía á Ulises, [III, 218 á 220]; dice Menelao que por nadie llora tanto como por Ulises, [IV, 104 á 112]; Helena, al ver á Telémaco, nota la semejanza que tiene con el hijo de Ulises, [IV, 141 á 146], y responde Menelao que también la había observado, [IV, 147 á 154]; dice Helena que no podría referir todos los trabajos de Ulises y cuenta cómo penetró en Troya disfrazado de mendigo, [IV, 240 á 264]; refiere Menelao lo que hizo Ulises, dentro del caballo de madera, cuando Helena llamaba desde fuera á los caudillos griegos, [IV, 269 á 289]; dice Telémaco á Menelao que, si Ulises le ha cumplido algún día una promesa, le refiera cuanto sepa del mismo, [IV, 328 á 331]; dice Menelao que Ulises, si vuelve, se vengará de los pretendientes, [IV, 340 á 346]; solázanse los pretendientes ante el palacio de Ulises cuando va á encontrarlos Noemón, [IV, 625], y luego penetran en el mismo, [IV, 674]; pregunta Penélope á Medonte si le envían los pretendientes para decirles á las esclavas de Ulises que suspendan el trabajo, [IV, 681 á 683]; dice Penélope que Ulises á nadie hizo agravio, [IV, 689 á 691]; vase Medonte por la morada de Ulises, [IV, 715]; desea Penélope que Laertes se queje de que los pretendientes quieran exterminar el linaje de Ulises, [IV, 739 á 741]; Penélope ruega á Minerva que le salve el hijo, acordándose de los sacrificios que le ofrecía Ulises, [IV, 762 á 765]; en el concilio de los dioses, Minerva refiere los infortunios de Ulises, y Júpiter envía á Mercurio para que ordene á Calipso que despida á Ulises, [V, 5 á 42]; llega Mercurio á la gruta de Calipso, sin que encuentre á Ulises dentro de la misma, traslada á Calipso la orden de Júpiter, enfurécese la ninfa, y Mercurio le recomienda que despida pronto á Ulises y no se atraiga el enojo de Júpiter, [V, 81 á 147]; va Calipso al encuentro de Ulises, le dice que dejará que se vaya, le jura que no maquina nada malo contra él, y le proporciona lo que ha menester para fabricar una balsa, [V, 148 á 261]; Ulises se hace á la mar, navega diez y siete días y lo ve Neptuno, que promueve una tempestad; deshácese la balsa, Leucotea da un velo á Ulises para que sea insumergible, y por fin sale el héroe por la desembocadura de un río, sube á un altozano y se acuesta en un montón de hojarasca, [V, 269 á 493]; mientras Ulises duerme, Minerva, pensando en el regreso del mismo á su patria, va á encontrar á Nausícaa, [VI, 1 á 14]; cuando Nausícaa y sus criadas juegan á la pelota, hace Minerva que ésta caiga en el río para que las mujeres griten y despierten á Ulises, [VI, 110 á 117]; sale Ulises de la hojarasca, se presenta á Nausícaa y le dirige insinuantes palabras para que le dé un vestido y lo guíe á la ciudad, [VI, 127 á 185]; las esclavas, por orden de Nausícaa, entregan á Ulises un manto y una túnica y le invitan á bañarse; él les ruega que se aparten; se lava; Minerva le difunde una gracia divinal por la cabeza y los hombros; Nausícaa, que lo contempla admirada, desea tenerlo por marido, y manda á las siervas que le den de comer, [VI, 211 á 246]; Ulises come ávidamente y luego, por indicación de Nausícaa, sigue el carro en que va ésta con sus esclavas, y, al llegar al bosque de Minerva, se detiene y ora á la deidad, [VI, 248 á 331]; mientras Ulises ruega, Nausícaa llega al palacio, [VII, 1 á 2]; encamínase Ulises á la ciudad, se le hace encontradiza Minerva, transfigurada en una joven, le da noticias del país y lo lleva al palacio de Alcínoo, [VII, 14 á 49]; Ulises admira el palacio, entra en el mismo, póstrase á los pies de Arete y le suplica que lo conduzcan á la patria, [VII, 81 á 83], [133 á 152]; Alcínoo levanta á Ulises, lo hace sentar en la silla de Laodamante y manda que le den de comer, [VII, 167 á 178]; Ulises, contestando á Alcínoo, dice que no es un dios, sino el más desgraciado de los hombres y pide que lo lleven á su patria, [VII, 207 á 225]; Ulises se queda en el palacio y, respondiendo á las preguntas de Arete, cuenta cómo llegó desde la isla Ogigia al país de los feacios y cómo se presentó á Nausícaa, [VII, 230 á 297]; suplica á Alcínoo que no reprendan á ésta por no haberle llevado consigo, [VII, 302 á 307]; al oir que Alcínoo promete llevarlo á la patria, invoca á Júpiter para que dé gloria al rey y éste cumpla su promesa, [VII, 329 á 333]; las criadas invitan á Ulises á acostarse en la cama, y el héroe duerme debajo del pórtico del palacio de Alcínoo, [VII, 340 á 345]; levántase Ulises al día siguiente y, juntamente con el rey, se encamina al ágora, [VIII, 3 á 6]; Minerva, pensando en la vuelta de Ulises, exhorta á los feacios para que vayan al ágora, [VIII, 7 á 14]; Minerva difunde la gracia por la cabeza y los hombros de Ulises á fin de que les sea agradable á los feacios, [VIII, 18 á 23]; canta Demódoco la disputa de Ulises y Aquiles, y Ulises, al oirle, llora, [VIII, 73 á 92]; Laodamante invita á Ulises á probarse en los juegos y el héroe se excusa; pero, al reprochárselo Euríalo, toma el disco, lo tira más lejos que nadie y desafía á los feacios á probarse con él en toda clase de juegos, sin exceptuar más que á Laodamante, [VIII, 143 á 233]; contempla Ulises con admiración las mudanzas que hacen con los pies los danzadores feacios, [VIII, 264 y 265]; huélgase Ulises de oir cantar á Demódoco, que refiere los amores de Marte y Venus, [VIII, 367 y 368]; expresa Ulises á Alcínoo el asombro con que contempla á los danzadores feacios, [VIII, 381 á 384]; Ulises saluda y desea felicidades á Euríalo, que le regala una espada de bronce, [VIII, 412 á 415]; Ulises, por indicación de Arete, encaja la tapa y echa un nudo al arca en que le han puesto los regalos de los feacios, [VIII, 446 á 448]; Nausícaa se admira, al clavar los ojos en Ulises, saluda al héroe, y éste promete invocarla en su casa como á una diosa, [VIII, 457 á 468]; Ulises corta una tajada del espinazo de un puerco asado, se la envía como obsequio á Demódoco y le pide que cante el episodio del caballo de madera, [VIII, 474 á 498]; refiere el aedo cómo los caudillos griegos se hallaban con Ulises dentro del caballo de madera, cómo fué destruída la ciudad y cómo, yendo Ulises y Menelao á la casa de Deífobo, sostuvieron un terrible combate, [VIII, 502 á 520]; Ulises llora y se consume al escucharlo, y Alcínoo le pregunta quién es, por qué llora y á dónde ha ido en sus peregrinaciones, [VIII, 521 á 586]; responde Ulises dándose á conocer y ensalzando su patria, y empieza á referir sus aventuras desde que salió de Troya, [IX, 1 á 38]; relata sucesivamente lo que le ocurrió:

a) en el país de los cícones, [IX, 39 á 61];

b) en el mar, hasta llegar á los lotófagos, [IX, 62 á 81];

c) en la tierra de éstos, [IX, 82 á 104];

d) en la comarca de los ciclopes, donde cegó á Polifemo, [IX, 105 á 566];

e) en la isla de Éolo, rey de los vientos, [X, 1 á 79];