¡Y no hacen, sin embargo, otra cosa, otra que espiarme noche y día, día y noche, a ver si la estúpida rabia de su perro se ha infiltrado en mí!

* * * * *

#Marzo 18—#

Hace tres días que vivo como debería y desearía hacerlo toda la vida.
¡Me han dejado en paz, por fin, por fin, por fin!

* * * * *

#Marzo 19—#

¡Otra vez! ¡Otra vez han comenzado! Ya no me quitan los ojos de encima, como si sucediera lo que parecen desear: que esté rabioso. ¡Cómo es posible tanta estupidez en dos personas sensatas! Ahora no disimulan más, y hablan precipitadamente en voz alta de mí; pero, no sé por qué, no puedo entender una palabra. En cuanto llego cesan de golpe, y apenas me alejo un paso recomienza el vertiginoso parloteo. No he podido contenerme y me he vuelto con rabia:—¡Pero hablen, hablen delante, que es menos cobarde!

No he querido oir lo que han dicho y me he ido. ¡Ya no es vida la que llevo!

* * * * *

#8 p.m.#