Y no pude contenerme al oir esto; y deteniendo mi caballo, quitándome el sombrero, y no ocultando mi emoción que llegaba hasta las lágrimas, alargué una mano al buen cura, y le dije:
—Venga esa mano, señor, Vd. no es un fraile, sino un apóstol de Jesús…. Me ha ensanchado Vd. el corazón; me ha hecho Vd. llorar…. Señor, le diré a Vd. francamente y con mi rudeza militar y republicana, yo he detestado desde mi juventud a los frailes y a los clérigos; les he hecho la guerra; la estoy haciendo todavía en favor de la Reforma, porque he creído que eran una peste; pero si todos ellos fuesen como Vd., señor, ¿quién sería el insensato que se atreviese, no digo a esgrimir su espada contra ellos, pero ni aun a dejar de adorarlos? ¡Oh, señor! yo soy lo que el clero llama un hereje, un impío, un sansculote; pero yo aquí digo a Vd., en presencia de Dios, que respeto las verdaderas virtudes cristianas…. Así, venero la religión de Jesucristo, como Vd. la practica, es decir, como él la enseñó, y no como la practican en todas partes. ¡Bendita Navidad ésta que me reservaba la mayor dicha de mi vida, y es el haber encontrado a un discípulo del sublime Misionero, cuya venida al mundo se celebra hoy! Y yo venía triste, recordando las Navidades pasadas en mi infancia y en mi juventud, y sintiéndome desgraciado por verme en estas montañas solo con mis recuerdos! ¿Qué valen aquellas fiestas de mi niñez, sólo gratas por la alegría tradicional y por la presencia de la familia? ¿Qué valen los profanos regocijos de la gran ciudad, que no dejan en el espíritu sino una pasajera impresión de placer? ¿Qué vale todo eso en comparación de la inmensa dicha de encontrar la virtud cristiana, la buena, la santa, la modesta, la práctica, la fecunda en beneficios? Señor cura, permítame Vd. apearme y darle un abrazo y protestarle que amo el cristianismo cuando lo encuentro tan puro como en los primeros y hermosos días del Evangelio.
El cura se bajó también de su pobre caballejo, y me abrazó, llorando y sorprendido de mi arranque de sincera franqueza. No podía hablar por su emoción, y apenas pudo murmurar, al estrecharme contra su pecho:
—Pero, señor capitán … yo no merezco … yo creo que cumplo … esto es muy natural; yo no soy nada … ¡qué he de ser yo! ¡Jesucristo! ¡Dios! ¡el pueblo!
[Footnote 1: #Alva#, province in the north of Spain.]
[Footnote 2: #Carmelitas#, Carmelites, members of the mendicant order of Our Lady of Mt. Carmel, founded about 1156.]
[Footnote 3: #previo el noviciado#, the noviciate being prior (translate: after the noviciate).]
[Footnote 4: #Desierto de Tenancingo#, an ancient monastery near Mexico City where lived a company of Carmelites. A monk of another order said of it in the seventeenth century: "It is the pleasantest place of all about Mexico…. Were all deserts like it, to live in a desert were better than to live in a city." This description no longer applies, as the place is now a wilderness with its interesting ruins and caves.]
[Footnote 5. #en tantas#, supply #veces#, every time.]