—Et vos, señor conde Lucanor, si entendedes que aquel vuestro enemigo ha tan grand recelo de aquel otro de que se recela, et ha tan grant mester a vos porque forzadamente haya de olvidar cuanto mal pasó entre vos et él, et entiende que sin vos non se puede bien defender; tengo, que así como los caballos se fueron poco a poco ayuntando en uno fasta que perdieron el recelo et fueron bien seguros el uno del otro, que así debedes vos poco a poco tomar fianza et afacimiento con aquel vuestro enemigo. Et si fallardes en él siempre buena obra et leal en tal manera que seades bien cierto que en ningún tiempo por bien quel vaya, que nunca vos verná dél daño, estonce faredes bien et será vuestra pro de vos ayudar porque otro homne extraño non vos conquiera nin vos estruya, ca mucho deben los homnes facer et sofrir a sus parientes et a sus vecinos porque non sean mal traidos de los otros estraños. Pero, si vierdes que aquel vuestro enemigo es tal o de tal manera, que desque lo hobiésedes ayudado en guisa que saliese por vos de aquel peligro, que después que lo suyo fuese en salvo, que sería contra vos et non podríades dél ser seguro; si él tal fuer, fariades mal seso en le ayudar, ante tengo quel debedes estrañar cuanto pudierdes, ca pues viestes que, seyendo él en tan grand queja, non quiso olvidar el mal talante que vos había, et entendiestes que vos lo tenía guardado para cuando viese su tiempo que vos lo podría facer, bien entendedes vos que non vos deja logar para facer ninguna cosa porque salga por vos de aquel grand peliglo en que está.

E al conde plogo mucho desto que Patronio le dijo, et tovo quel daba muy buen consejo.

Et porque entendió don Johan que este exiemplo era bueno mandolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Guardatvos de ser conquerido del estraño

Seyendo del vuestro bien guardado de daño[15].

[15] Knust señala raras analogias entre este cuento y un hecho histórico «cuando el Rey don Alonso (X) quiso prender al Infante don Henrique». Biblioteca de Rivadeneyra, tomo LXVI, Crónica de Alfonso X, pág. 7. Es extrañísima la relación: Perseguido don Enrique por su hermano el Rey Sabio, se refugia en Túnez, sirve al Rey con valentía, tal prestigio logra entre los moros, que obligan al Rey a que lo eche del Reino; el Rey de Túnez prefiere matarlo, invítalo a una entrevista en un corral; hallándose solo don Enrique aparecen dos leones, de los que logra librarse con la espada y salir indemne.

EJEMPLO X

De lo que contesció a un homne que por pobreza et mengua de otra vianda, comía atramuces.

Otro día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera:

—Patronio, bien conosco a Dios que me ha fecho muchas mercedes, más quel yo podría servir, et en todas las otras cosas entiendo que está la mi facienda asaz con bien et con honra; pero algunas vegadas me contesce de estar tan afincado de pobreza que me paresce que querría tanto la muerte como la vida. Et ruégovos que algún conorte me dedes para esto.