E entonce, por le facer placer, mandó el rey fenchir de agua rosada aquella grand albuhera de Córdoba en logar de agua, et en lugar de lodo fízola fenchir de azucar, et de canela, et de espie, et clavos, et musgo, et ambra, et algalina, et de todas buenas especies, et buenos olores que pudían seer: et en lugar de paja fizo poner cañas de azucar. Et desque destas cosas fué llena el albuhera de tal lodo cual entendedes que podría seer, dijo el rey a Ramayquía que se descalzase et que follase aquel lodo et que ficiese adobes dél cuantos quisiese.

E otro día, por otra cosa que se le antojó, comenzó a llorar. Et el rey preguntol por que lo facía.

Et ella dijol: que cómo non lloraría, que nunca ficiera el rey cosa por le facer placer. Et el rey veyendo que, pues tanto había fecho por le facer placer et complir su talante, que ya non sabía que pudiese facer más, dijol una palabra que se dice en el algarabía desta guisa «Vâ la mahar el-tin» que quiere decir: «et non el día del lodo» como diciendo que pues las otras cosas olvidaba, que non debía olvidar el lodo que ficiera por le facer placer.

Et vos señor conde, si veedes que por cosa que por aquel homne fagades, que si non le facedes todo lo al que vos dice, que luego olvida e desgradesce todo lo que por él habedes fecho, conséjovos que non fagades por él, tanto que se vos torne en grand daño de vuestra facienda. Et a vos otrosí conséjovos que, si alguno ficiese por vos alguna cosa que vos cumpla et después non ficiere todo lo que vos querríades, que por eso nunca le desconozcades el bien que vos vino de lo que por vos fizo. E el conde tovo este por buen consejo et fizolo así et fallose ende bien.

Et teniendo don Johán este por buen ejiemplo, fizolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Qui te desconosce tu bien fecho,

Non dejes por él tu grand provecho[34].

[34] El Abenabet de Sevilla no es otro que el rey poeta Motamid, y Romaiquía, aquella muchacha que una mañana en el Guadalquivir respondió en verso una improvisación suya; pertenecía Motamid a la dinastía de los Beni-Abbad; de aquí el nombre que le da D. Juan Manuel. Relátase la poética anécdota en Abbad, t. II, pág. 153; Dozy, en su Historia de los musulmanes españoles, t. IV, páginas 169 y 55 (edición castellana, Sevilla, 1877).

Contado también por Azorín, Los valores literarios, pág. 147.

EJEMPLO XXXI