—Señor conde—dijo Patronio—un homne moraba en una villa, et perdió la vista de los ojos et fué ciego. Et estando así ciego et pobre, vino a él otro ciego que moraba en aquella villa, et díjole: que fuesen amos a otra villa cerca daquella et que pidirian por Dios et que habrían de que se mantener et gobernar.
Et aquel ciego le dijo: que él sabía aquel camino de aquella villa, que había y pozos et barrancos et muy fuertes pasadas; et que se recelaba mucho daquella ida.
Et el otro ciego le dijo que non hobiese recelo, ca él se iría con él et le pornía en salvo. Et tanto le aseguró et tantas proes le mostró en la ida, que el ciego creyó al otro ciego: Et fuéronse.
Et desque llegaron a los lugares fuertes et peligrosos cayó el ciego que guiaba al otro, et non dejó por eso de caer el ciego que recelaba el camino.
Et vos señor conde, si recelo habedes con razón et el fecho es peligroso, non vos metades en peligro por lo que vuestro pariente et amigo vos dice que ante morrá que vos tomedes daño; ca muy poco vos aprovecharía a vos que él muriese et vos tomásedes daño et muriésedes.
El conde tovo este por buen consejo et fízolo así et fallose ende muy bien.
Et entendiendo don Johan que este ejiemplo era bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Nunca te metas do puedes haber mal andanza,
Aunque el tu amigo te faga seguranza[38].
[38] Derívase de la parábola evangélica (San Lucas, cap. VI, vers. 39): está en todas las literaturas. Pintó este ejemplo Brueghel el Viejo.