Según se dice, es una criatura como de un año de edad; anda automáticamente con piés puestos al revés, tiene una cabellera extraordinariamente larga y vive invisiblemente en ciertas malezas; rarísimas veces aparece, haciéndolo solo á sus amigos, pretendidas ó novias. Hay muchos kaibaanes, son de dos sexos y procrean juntándose, ó bien un kaibaan y una mujer humana.

Y cuando los kaibaanes se enamoran de una mujer, se aparecen á ella, en forma de hombre con boca abierta, mostrando sus dientes, que despiden una luz intensa que deslumbra á la mujer pretendida. Dá el kaibaan serenatas con su guitarrita á su amada. Si la mujer humana acepta el amor ofrecido, el kaibaan la regalará un capote de los que tienen la especialidad de hacer invisibles á los kaibaanes y á cuantos se vistan con él. La novia del kaibaan vendría pues á ser invisible como su amante; participaría de su poder y no le faltará el pan cuotidiano, porque valiéndose de su invisibilidad, irá á hurtarlo. El kaibaan muere, y en ese caso irá la viuda (humana) á llorar al lugar mortuorio, llevando un tabo[11] lleno de sal en señal de luto. El dolor de la viuda, por lo regular, es premiado por los kaibaanes sobrevivientes y parientes del difunto, entregándole los bienes que hubiera dejado el finado.

El kaibaan posee un tabo llamado kiraod, que tiene la virtud de producir arroz, siempre que se introduzca en una tinaja, aunque ésta se halle vacía; y además una olla, que, sin embargo de su estremada pequeñez, contiene de un modo misterioso cuatro chupas de arroz.

Cuando el kaibaan desea ganarse la amistad de algun hombre, le agasaja con una serenata, permaneciendo invisible, y una vez ganada la voluntad del amigo, le regala tinajas de oro, plata, esquisitos manjares, el maravilloso tabo, el capote mágico y otros objetos valiosos. El kaibaan á pesar de ser rico, tiene mucho gusto en hurtar y encarga á sus amigos (hombres) que si desaparece algun objeto suyo, no lo busquen; y si no cumplen este encargo, el kaibaan les arroja un puñado de ciertos polvos, que les produce asquerosas enfermedades de la piel, que son rebeldes á todo tratamiento. Los ilocanos tienen miedo á los kaibaanes y siempre que derramen algun líquido caliente en cualquier sitio, dicen ¡alejaos! antes de efectuarlo. La persona, que les haga algun daño ó proporcione disgustos, padecerá tambien de enfermedades cutáneas. Estas enfermedades se atribuyen casi siempre á los kaibaanes, y abundan muchos crédulos, que van á las malezas á decir: pakaoanennak kadi, Apo (perdóname, señor,) y creen que con esta satisfacción, se obtiene el perdon del ofendido kaibaan, que hará desaparecer los efectos de su venganza.

IV

EL «LITAO» Y LA SIRENA.

Probablemente Litao fué el anito del mar y de los ríos, y nó la Sirena: la idea de ésta fué introducida en Filipinas por los españoles[12]; lo cual confirman las mismas tradiciones ilocanas, y además la sirena es nombre español, y no tiene equivalente en ilocano.

La sirena, al decir de los ilocanos, era al principio una niña hermosa; vivía con su madre en un tugurio, asentado en las orillas de un río, cuyas aguas bañaban el zaguan de la referida casucha; un día en que estaban cosiendo ellas, cayó la aguja de la niña y ésta intentó bajar á buscarla; pero su madre se opuso á ello, diciendo á su hija dejase ya el objeto perdido, pues temía que el litao (deidad varon de las aguas) la raptase con sus encantamentos ó poderes sobrenaturales. Sin embargo, la niña, viendo su aguja en el fondo del agua cristalina, se bajó furtivamente, cuando su madre estaba distraida y apenas puso sus lindísimos piés en el líquido, éste la tragó produciendo muy grandes burbujas. Desde entonces quedó dotada del poder de encantar ó hacer cuanto guste. La sirena de los ilocanos es muy diferente de la sirena de la tradición española, según la describe una colaboradora del Folk-Lore Andaluz, y creo que muchos de los caracteres de la ilocana, proceden del antiguo anito, llamado Litao.

Este ha perdido su importancia desde que la sirena se ha introducido en las preocupaciones ilocanas, y hoy está casi olvidado del todo, Litao. Este, según he oido en Vígan, es un varon pequeño, que vive en las ramas de las cañas, que se encuentran en las riberas de los ríos; es el marido de la sirena, y él fué quién la dió el poder sobrenatural que tiene.