turubayennacto ni napait á liday

quet isunto cañac ti mang̃ay-ay-ay.

Dios ti cumoyog, oh napnuan sayacsac

ng̃a esmanto daguiti agay-ayat;

Dios ti cumuyog, salimetmetmo mang̃alasag

ta tapno dayta sudim, tacnengmo ti di maracrac.

VERSIÓN DE LA ANTERIOR.

Escucha, hermosa, los ayes de este pesaroso amante; mira ¡oh corazón! (así suelen llamar los ilocanos á su adorada), examina con paciencia á este infeliz.—Infeliz, digo porque ya te separas de mí; pero tu memoria siempre estará fija en mí.—Estas palabras son ya de despedida; ya me voy (esta locución parece indicar lo contrario, es decir que quien parece irse, es el que se queda; es frecuente en los dialectos filipinos; y de aquí que suelen emplear el venir por ir y es porque así se usan sus equivalentes en los dialectos filipinos, p. ej. venir es umay en ilocano, é ir es innak. Ahora bien iré á tu casa se traduce por umayakto, verbo que literalmente significa vendré) á alejarme de tu regazo lleno de amor y de ternura; amor y ternura que no se borrarán de mi memoria.—Lleno de angustias mi corazón se despide; ¡adios bondad, blanca azucena, cuyo suave aroma lo guardará mi pecho!—Siempre el dolor no se ausentará en mi ser, y tu memoria será el balsamo de mis pesares—¡Dios te acompañe, oh llena de encantos, encantos que te atraerán adoradores! ¡Dios te acompañe! y tu prudencia sea el escudo de tu pureza y honradez.

8.a

QUEJAS DE UN AMANTE DESDEÑADO.