Hecho el arroz para la boda, suben á la casa para bailar, á fin de que con estas solemnidades los novios no tengan hijos sordos.

Por lo regular los zambaleños se casan en los días de lunes.

Antes de ir á la iglesia, bailan palmoteando todos los que estan en la casa, donde ha de celebrarse la boda.

Después de la misa nupcial, los casados pasan al convento á besar la mano al Párroco; después, deben llegar nueve viejas comisionadas á recibir á los desposados. Aquellas llevan las sayas al revés, es decir, que la cara de la saya, en vez de estar fuera, vá dentro, adornándolas con una profusión de flores naturales. Las viejas llevan además una corona de bejuco, adornada con plumas de gallo, hojas y flores artificiales.

Antes de salir las viejas de la casa de la boda, se embriagan y bailan; y acto seguido se ponen en el órden siguiente: 1.o vá una como cabecilla, que se diferencia de las demás en el lujo de sus vestidos; siguen tres viejas puestas en hilera; después van otras dos en hilera, y por último cierran la comitiva las tres restantes. También éstas van en hilera y la que está en el medio lleva una lata vacía de petróleo, que toca como bombo, mientras caminan. Las demás viejas deben llevar lanzas y banderolas.

Al llegar al pátio del convento, bailan, cantan é imitan el moro-moro, descrito ya por otros autores.

En seguida se incorporan los recien casados y todos los que asistieron á la boda, á la comitiva de las viejas, enderezando sus pasos á la casa, donde ha de celebrarle el enlace con comilonas.

Por la tarde bajan de la casa y bailan alrededor de ella al son del kotibeng (vihuela de cinco cuerdas).

En cuanto á supersticiones, sólo, podemos decir que los zambaleños consideran de mal agüero que la embarazada cave la tierra.