Estos diablos que persiguen á las kaloluas hermosas, hacen muchas picardías, y si los moradores de la casa visitada están ya durmiendo, pues estas visitas se prolongan hasta la madrugada, echan mano á lo que encuentren. Y en Malabon, esto no se considera como hurto en tal ocasión; de suerte que el dueño, si se apercibe, no debe reprenderles por ésto. Tal hurto se llama sakome.
Hay casas de piadosos, que preparan comidas, como en Zambales, para los kaloluas.
He visto en cierta ocasión á muchos hombres y mujeres de buenas familias, hurtar frutos de un árbol de naranjitas y me dijeron que aquello no era pecado ni delito, sinó una costumbre, que tenían por buena, sancionada por la autoridad local.
Por eso las casas, antes del anochecer, guardan cuanto esté espuesto á tales contingencias.
¿Y si un Tenorio aprovecha la ocasión pretextando hacer sakome? Lo puede muy bien y sin temor de ser medido con un grueso palasan. No faltan gavilanes que se valen de esa inmunidad.
Los pilletes van á media noche al tiangue (mercado) y con los papags (mesas de caña) de las guapas tenderas de quincalla, forman en plena calle un túmulo de muchos cuerpos, con sus velas y candelabros de caña, y no faltan pillastres que se acuestan en la parte superior y se quedan dormidos. Figúrense los lectores el mal humor de aquellas que se dan á todos los diablos, al ver por la mañana sus lankapes amontonados.
Es costumbre que en este día se reunan los indivíduos de una familia desparramada, para rezar y comer juntos, lo cual tiene cierta analogía con lo que sucede en España en esta misma noche y en la Pascua de Navidad.