A Isio presentaron un cimarron y un javalí de terrible aspecto, y les mató á tiros de revolver.
Figuraos ahora el efecto que hubiera podido producir el milagro entre aquellos monteses.
Cogió mi palito de fósforo y dijo:—Voy á encenderlo en el tinghoy (candil) del sol, y ardió con gran admiración de su auditorio.
Cogió un lente y quemó la mano de un usurero.
Y ayudado de la prestidigitación, de la magia, de la esgrima y de su no poco comun ingénio, logró alucinar á los monteses.
XI
La fama de sus virtudes y de sus maravillas cundió pronto en los bosques, exagerándose sus milagros.
Los baglanes le adoraron como á profeta; y halagando Isio su vanidad y enseñándoles á curar con las plantas del país y otras lecciones muy útiles, se convirtieron en apóstoles suyos.
La religion que enseñaba era la Anitería malaya, ó sea la misma que se conservaba en aquellas bosques, pero perfeccionada y reducida á racional sistema. Combatía Isio el catolicismo con los argumentos de los herejes y atacaba la sociabilidad, ó sea la idea de reducir á la vida civilizada á los igorrotes con las objeciones del católico contra el socialismo exagerado, por supuesto, todo presentado en formas sofísticas que alucinaban no sólo á aquellos monteses, sino que logró además adeptos aún entre los ilocanos.