Aquella repuso.
—¡Ah! ¿qué estabais haciendo?
La contestación fué otro silbido.
—¿Lo has entendido?—me preguntó la vieja
—No.
—Pues decía estar dormido.
Y así ella continuó preguntando, é interpretando á su manera los silbidos.
Sospechábase que dentro de la nariz de la muchacha había cera ó cosa así, con la que se pudiera producir dichos sonidos con la respiración.