En el Casino:
—¿Qué le pasa á Juanito? ¡Tiene una cara!
—Que le han dejado sin una peseta.
—¿Sí? ¿Cuánto ha perdido?
—Pues eso: una peseta.
XXVI
Cuando un madrileño, en cualquier esfera social, ha llegado á ocupar un puesto, alto ó bajo, ya puede asegurarse que se lo ha ganado por su propio esfuerzo. Al madrileño no le gusta deber nada á nadie. Por eso, aun de la clase más humilde, prefiere los oficios independientes, en los que menos haya que obedecer y ser mandado. Así es muy raro hallar un madrileño dedicado al servicio doméstico, y si, por razón de sus ocupaciones, depende de algún patrón, maestro ó jefe, todo se conseguirá del madrileño por la razón persuasiva ó por el ruego amable; nada por el mandato indiscutible, ni por el rigor áspero.
El madrileño no tiene cacique á quien pedir recomendaciones; no trata, ni siquiera conoce, á sus diputados; no tiene colonia que le proteja ó le obsequie.