No hay bien ni mal que cien años dure, y este recuerdo, que cumplió los cien años en el pasado, no era justo que durase uno más en memoria tan olvidadiza como la española.
En vez de estas fiestas nacionales, podemos ir celebrando por regiones, por pueblecitos y hasta por barrios, una porción de fiestas conmemorativas de nuestras guerras civiles, pronunciamientos y motines. Así, todo quedará en casa sin molestia para los de fuera. Cada uno lo suyo, y á lo suyo. Por eso, ya que el Dos de Mayo no se celebre como fiesta nacional, en recuerdo de una gloriosa guerra por la Independencia española, ¿no será permitido á los madrileños celebrarla, siquiera como recuerdo de un motín madrileño, un modesto motincito sin importancia? Siquiera en el barrio de Maravillas, con mucha modestia, no vayan á molestarse en Francia y paguemos nosotros el enfado que no se han atrevido á mostrar á Rusia.
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El honor de las mujeres hemos convenido desde muy antiguo, en localizarlo. Por fortuna para ellas y aun para nosotros, la bondad no es lo mismo que el honor y no tiene tan frágil asiento. El honor de los hombres... ya anda más repartido; por la inteligencia, por el corazón, por los brazos, por los bolsillos; por regiones materiales y espirituales. Por lo mismo es más opinable y por lo mismo no debe opinarse de él con tan ligera facilidad como ha dado en opinarse ahora, de un modo definitivo é inapelable, por medio de los llamados tribunales de honor. Bastaba con los tribunales de justicia, sólo llamados á juzgar de los hechos, único juicio que en lo humano, puede presumir de acercarse á la verdadera justicia. ¡Juzgar del honor! ¿Quién sabe de eso? ¿Quién sabe en dónde está nuestro deber más cercano, más imperativo?
Aceptaré todavía los tribunales de honor y sus juicios, en cuerpos que por tener sus deberes bien definidos, al cumplimiento de ellos han de ajustar sus resoluciones. Pero en un círculo de sociedad, de recreo, fuera de las incorrecciones cometidas en él, ¿en nombre de qué justicia va á juzgarse?
No han tenido confirmación determinaciones apuntadas con maliciosa intención, y la verdadera justicia y el buen gusto deben celebrarlo. El honor no se gana en un día, para que en un día pueda perderse. Quien en una hora puede dejar de ser honrado es que no lo fué nunca. Todos los que somos amigos del Sr. Macías sabemos que no es este su caso. Podríamos dudar de sus razones, hasta de su razón, nunca de su honradez.