Esta funesta Carmen, con el contoneo de sus caderas, sus toreros, sus contrabandistas, sus trabucos y sus navajas, ha sido la mayor contribuyente á la representación de esa España de pandereta, tan impresa en el extranjero, que nos señala como un pueblo aparte de Europa.

Una gran artista española se atiene, en la interpretación de Carmen, á la verdad del novelista y del músico. Es el deber de todo artista intérprete. La Carmen de Merimée y de Bizet es ésa. La mujer española, la andaluza en particular... ¿Son así? De ningún modo. Justamente en España, la mujer meridional es mucho más reservada, más casta en sus manifestaciones amorosas, que la mujer del Norte. Ninguna menos provocativa, como no sea por su propia belleza, que la mujer andaluza; ninguna que, aun muy bajo caída, guarde siempre más esquivos pudores.

Yo he visto bailadoras sevillanas que, en sus momentos de reposo, evocaban más el recuerdo de las vírgenes de Murillo que el de la Carmen de Merimée.

El baile andaluz, el verdadero baile andaluz, no el adulterado por escenarios franceses y españoles, es de un ritmo sacerdotal, religioso; como Romero Torres, pintor artista, lo representó en uno de sus cuadros.

Carmen es una calumnia más del extranjero. Un tipo de mujer que los franceses no debieron buscar en España para darle más realidad. Mucho más parecido á Mad. Steinheil, sin ir más lejos, que á cualquier mujer española. Pero, en fin, digamos como el duque de Glocester en el Rey Lear: «No he de sentir desliz que dió tan buen fruto». Por admirar á una gran artista española, tan admirable intérprete de esa calumnia, démosla por bien empleada.

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Á propósito del Rey Lear. ¿No le parece á Enrique Borrás, único primer actor que llena la escena de actor, como en sus tiempos Valero, Rafael Calvo y Antonio Vico, que nos debe una interpretación de la tragedia de Shakespeare? Hay que agrandar y que engrandecer ese repertorio. Tan extraordinarias condiciones de actor no pueden limitarse al repertorio catalán; ni siquiera al castellano: Shakespeare, Ibsen, esperan su intérprete en la escena española. Ninguno como Enrique Borrás puede acometer esa empresa, que es de Arte... y de dinero.