Crispín. ¿Quieren oírme?
Pantalón. ¡No, no! Calle el pícaro..., calle el desvergonzado.
Hostelero. Ya hablaréis donde os pesará.
Doctor. Ya hablará cuando le corresponda, que a todos ha de oírse en justicia... Escribid, escribid. En la ciudad de..., a tantos... No sería malo proceder primeramente al inventario de cuanto hay en la casa.
Crispín. No dará tregua a la pluma...
Doctor. Y proceder al depósito de fianza por parte de los querellantes, por que no pueda haber sospecha en su buena fe. Bastará con dos mil escudos de presente y caución de todos sus bienes...
Pantalón. ¿Qué decís? ¡Nosotros dos mil escudos!
Doctor. Ocho debieran ser; pero basta que seáis personas de algún crédito para que todo se tenga en cuenta, que nunca fui desconsiderado...
Hostelero. ¡Alto, y no se escriba más, que no hemos de pasar por eso!
Doctor. ¿Cómo? ¿Así se atropella a la Justicia? Ábrase proceso separado por violencia y mano airada contra un ministro de Justicia en funciones de su ministerio.