Ya lo sabes. Soy castellana vieja. Los de esta parte sois más dobles... ¡Que mi hija iba a haberte consentido lo que te consiente la Dominica! Verdad es que ella... ¿Qué va a hacer? Bastante es que te hayas casado con ella. Porque, francamente, sin ofenderla, no fue boda para ti... porque su padre tendrá todo el dinero y las tierras que se quiera... pero sus principios... ¿No sabemos todos sus principios? Tu abuelo, un triste cabrero de casa de mi tío Juanito, que le vino el dinero y todo lo que tiene, todos sabemos cómo, gracias a su mujer y a sus hijas...

D.ª Rosa

¡Yo me pasmo de oír estas cosas! Nunca creí que en lugares tan humildes fuera tanta la corrupción de costumbres... Cuidado que yo he visto mucho; he vivido seis meses en Madrid y dos años en Torrijos, pero como aquí... ¡Qué horror! Hasta el mismo clero, que la quitaría a una la devoción si no mirara más arriba...

D.ª Julita

Pues eso es lo que le pasa a mi Romualdo, que como conoce a todos los curas de alrededor, le han hecho ser tan republicano.

D.ª Rosa

¡Yo, desde que estoy aquí, no oigo contar más que trapisondas y deshonestidades!

D.ª Julita

De eso nadie nos asustamos... siempre ha sido igual y en todas partes; por algo dicen: «Quien ve un pueblo, ve un reino, y quien ve un reino, ve el mundo entero.» Lo peor que hay aquí es que no hay unión en los que pueden, y de eso se aprovechan más de cuatro pillos que nunca debieron subir a donde han subido. Y toda la culpa la tuvo tu padre que siempre fue un abandonado y la tenéis sus hijos, y mucha también mi marido... ¿No es una vergüenza ver de juez municipal al tío Bruno? ¿No sabemos todos quién fue su padre? Un triste gañán de en casa de mi tío Doroteo... ¡Y de alcalde al tío Catalino! ¿No sabemos todos quién fue su padre? Es decir, no lo sabemos, que todos dicen que fue otro, y esa ha sido su suerte... ¡Y así todos los de justicia! ¡Y si siquiera mandaran ellos! Pero no, si quien mandan son sus mujeres, que estamos mandados por mujeres. Pero yo se lo tengo dicho a Romualdo, que como en la primera junta de Ayuntamiento no vaya y les diga todo lo que hay que decirles, me planto yo y se lo digo muy claro y me oyen como tienen que oírme todos los días sus mujeres... que es lo que no puede aguantarse, que las mujeres sean aquí las que se metan en todo... y lo gobiernen todo.

Feliciano