De pronto, Sacramento, preguntó a su hermana:
—Pero mujer, ¿qué tienes? ¡Parece que vas tonta!
Entonces Soledad, obedeciendo a un impulso involuntario, alteradas de súbito las facciones por la ira, cogió del brazo a Sacramento, y señalándole con la otra mano al niño que iba delante, dijo ásperamente:
—¿No es inícuo que tú puedas salir a la calle con esa criatura y yo ni aun pueda decir que tengo hijo?
—Yo—contestó la adúltera con la mayor naturalidad—soy casada.—Y haciendo por broma con su nombre un juego impío de palabras, añadió:—Ya ves... me llamo Sacramento.
Soledad, con un mohín despreciativo, repuso:
—Tienes razón. Lo mismo podrías llamarte Salvoconducto.
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SANTIFICAR LAS FIESTAS
Lunes, 9 de Mayo de 1892, tomó don Cándido posesión de su curato en Santa Cruz de Lugarejo, ocupándose inmediatamente en arreglarse la casa con los pobres y viejos muebles que trajo en una carreta del pueblecillo donde vivió hasta entonces, siendo amparo de necesitados y ejemplo de virtuosos. Durante más de cuarenta y ocho horas, nadie se dio cuenta de que allí había cura nuevo.