Inés.—Hablarán ustedes.

La conversación se prolongó mucho, y al final hablaron un poco más alto, refiriéndose a lo anteriormente dicho.

Inés.—Todo se arreglará.

Cristeta.—Convéncele tú.

Inés.—Mañana sin falta.

Cristeta.—No tengo más esperanza.

Inés.—¿Quién sabe?

Cristeta.—Tómalo con empeño.

Inés.—Vaya usted tranquila, y hasta mañana...; pero, la verdad.... ¡qué granujas son los hombres!

Cristeta.—Y nosotras, ¡qué simples!