—Pero Vd. no me cree, y es necesario que yo la persuada. Escuche Vd. y tenga un poco de valor. Por disputas pueriles conmigo, que ningún daño le hice, por si en casa debían o no observarse ciertos deberes religiosos, Pepe ha llevado las cosas a un extremo que Vd. juzgará. Comenzó por reñir conmigo, so pretexto de que me opuse a que nuestra hermana sostuviese relaciones con un amigote suyo, perdido de la peor índole. Logré convencer a Leocadia... y, la verdad, nunca me lo ha perdonado. Luego, por pequeñeces, como la de si habíamos o no de comer de vigilia, exageró su furia y se ensañó con nuestra madre: ¡esto es lo que me ha hecho más daño! La pobre ha tenido que marcharse de casa. ¡Gracias a que yo he logrado que la recojan en una comunidad que me protege! Por culpa suya, nuestro padre no tiene hoy quien le ampare y asista. Pero aún hay más: a todo esto ha añadido una ofensa cruel, que indica hasta qué punto tiene olvidados los más sagrados deberes filiales.

—Permítame Vd. que le haga una sola observación. Me consta que las relaciones de Vd. con Pepe no son tan cordiales como debieran... Yo le quiero con toda mi alma, y nada puedo creer de lo que Vd. me dice. Es preciso que yo le hable... Después, veremos.

—Déjeme Vd. acabar. A todas sus maldades ha añadido otra mucho mayor.

Paz volvió a sentarse, ocultando entre las manos los llorosos ojos.

—Y no queremos de ningún modo ser cómplices de una nueva infamia. Hemos sabido sus relaciones con Vd., tan digna, tan buena y respetable. En fin, no podemos soportar la idea de que Vd. algún día nos juzgue sabedores, tal vez cómplices, de la perfidia de su ingenio. No la quiere a Vd., no puede quererla, señorita. Usted une, a sus muchas cualidades, la riqueza: esta es la madre del cordero.

—Es mentira—dijo Paz ofendida—me quiere por mí, por mí sola. Lo que Vd. dice no es verdad.

—¡Ojalá no lo fuese! Pero no hay que forjarse ilusiones. ¿Sabe Vd. dónde intenta llevar a nuestro padre?

—A casa de un amigo suyo.

—No, a casa de una mujer con quien tiene relaciones y que ha sido antes querida de ese mismo amigo.

—¡Imposible! Pepe no es capaz de eso.