—¿No entráis?

—No: el padre Enrique dice la misa muy despacio. Además, quiero dar tiempo a que llegue ese. Mamá le deja ya entrar en casa. Está el pobre muchacho que bebe los vientos.

—¿Y el tuyo?

—Este Junio acaba.

—Hija, lo mismo decías hace un año. ¡La carrera que tenga ese!...

—Pues a mí me gusta. ¡Está más cariñoso!

—Chica, con esos trajes de rayas parecen zebras.

—Adiós, que se va mamá con las de Zangolotino!

—Abur, remononísima.

Los sietemesinos, echando humo por la boca y luciendo americanas del verano anterior, parodiaban a don Juan Tenorio.