—Bueno, hija, bueno; pero al menos léeme los partes tomados de la Gaceta, aunque esa no dice nunca la verdad.
Leocadia cogió el periódico y, aproximándose a la luz, leyó así:
«Ministerio de la Guerra.—Extracto de los despachos telegráficos recibidos en este Ministerio hasta la madrugada de hoy:
»Cataluña.—El Brigadier Arando sostuvo anteayer una acción con todas las facciones reunidas de la provincia de Gerona, a las que batió, causándoles bastantes bajas. El Teniente coronel Pina atacó con su columna a las facciones reunidas de Cosco, Torres, Baltondra, Ferrer y Moliné, que, en número de 400 hombres, se hallaban en Olsana exigiendo la contribución. El enemigo abandonó el pueblo, dejando en poder de la tropa 13 prisioneros, entre ellos el citado Moliné y otros Oficiales, causándoles 11 muertos, figurando en este número el cabecilla Cosco, y apoderándose además de 24 fusiles rayados y otras armas y efectos de guerra.
»Provincias Vascongadas.—Perseguida por la columna Arana la partida de latro-facciosos capitaneada...
(Don José, interrumpiendo):—¡Eso es! ¿Latro, latro-facciosos!
Leocadia continuó:
».....capitaneada por Soroeta, retrocedió anoche desde Goizueta a unos caseríos del monte Oyarzun. En la provincia de Vizcaya, según las últimas noticias, no quedan más que los dispersos de la partida Maidagan. En el resto de la Península no ocurre novedad extraordinaria.»
De pronto sonaron en la puerta de la casa dos aldabonazos.
—Ahí está tu hermano; baja, hija, baja.