—¿Vendrá gente esta noche?
—No espero a nadie... y con el agua que está cayendo...
—Pues me alegro, porque en cuanto nos vayamos al gabinete le voy a decir a usted unas cosazas gravísimas: lo que usted menos se figura.
—¿Viene usted de broma?
—Ya verá usted cómo las gasto.
A Emilia le saltaba el corazón dentro del pecho como pájaro en jaula. Pasaron al gabinete donde habían de tomar el café, y allí quedó Julián solo unos instantes mientras la viuda, llamada por la doncella, entró en la habitación que fue despacho de Gabriel.
—¿Qué quieres?—¿Para que me molestas?—preguntó.
La chica, señalando seis o siete grandes cajas de cartón que había sobre la mesa y en el suelo, repuso:
—Aquí están las coronas que ha encargado la señora para el cabo de año.
—¡Baja esa voz!