La rutina que desdeña á la ciencia, muestra con semejante desden un orgullo necio, hijo de la ignorancia. El hombre se distingue de los brutos animales por la razon con que le ha dotado el Autor de la naturaleza; y no querer emplear las luces del entendimiento para la direccion de las operaciones, aun las mas sencillas, es mostrarse ingrato á la bondad del Criador. ¿Para qué se nos ha dado esa antorcha sino para aprovecharnos de ella en cuanto sea posible? Y si á ella se deben tan grandes concepciones cientificas, ¿porqué no la hemos de consultar para que nos suministre reglas que nos guien en la práctica?

Véase el atraso en que se encuentra la España en cuanto á desarrollo material, merced al descuido con que han sido miradas durante largo tiempo las ciencias naturales y exactas; comparémonos con las naciones que no han caido en este error, y nos será fácil palpar la diferencia. Verdad es que hay en las ciencias una parte meramente especulativa, y que difícilmente puede conducir á resultados prácticos; sin embargo es preciso no olvidar, que aun esta parte al parecer inútil, y como si dijéramos de mero lujo, se liga muchas veces con otras que tienen inmediata relacion con las artes. Por manera que su inutilidad es solo aparente, pues andando el tiempo se descubren consecuencias en que no se habia reparado. La historia de las ciencias naturales y exactas nos ofrece abundantes pruebas de esta verdad, ¿Qué cosa mas puramente especulativa y al parecer mas estéril, que las fracciones continuas? y no obstante ellas sirvieron á Huigens para determinar las dimensiones de las ruedas dentadas en la construccion de su autómata planetario.

La práctica sin la teoría permanece estacionaria, ó no adelanta sino con muchísima lentitud; pero á su vez, la teoría sin la práctica fuera tambien infructuosa. La teoría no progresa ni se solida sin la observacion, y la observacion estriba en la práctica. ¿Que seria la ciencia agrícola sin la experiencia del labrador?

Los que se destinen á la profesion de un arte deben, si es posible, estar preparados con los principios de la ciencia en que aquella se funda. Los carpinteros, albañiles, maquinistas, saldrian sin duda mas hábiles maestros si poseyesen los elementos de geometría y de mecánica; y los barnizadores, tintoreros y de otros oficios no andarian tan á tientas en sus operaciones, si no careciesen de las luces de la química. Si una gran parte del tiempo que se pierde miserablemente en la escuela y en casa, ocupándose en estudios inconducentes, se emplease en adquirir los conocimientos preparatorios, acomodados á la carrera que se quiere emprender, los individuos, las familias y la sociedad reportarian por cierto mayor fruto de sus tareas y dispendios.

Bueno es que un jóven sea literato; pero ¿de qué le servirá un brillante trozo de Walter Scott, ó de Víctor Hugo, cuando colocado al frente de un establecimiento sea preciso conocer los defectos de una máquina, las ventajas ó inconvenientes de un procedimiento, ó adivinar el secreto con que en los paises extranjeros se ha llegado á la perfeccion de un tinte? Al arquitecto, al ingeniero, ¿serán los artículos de política los que les enseñarán á construir un edificio con solidez, elegancia, aptitud y buen gusto, á formar atinadamente el plan de una carretera ó canal, á dirigir las obras con inteligencia, á levantar una calzada, ó suspender un puente?

§ LVI.

Inconvenientes de la universalidad.

El saber es muy costoso y la vida muy breve; y sin enbargo vemos con dolor que se desparraman las facultades del hombre hácia mil objetos diferentes, halagando á un tiempo la vanidad y la pereza. La vanidad, porque de esta suerte se adquiere la reputacion de sabio; la pereza, porque es harto mas trabajoso el fijarse sobre una materia y dominarla, que no el adquirir cuatro nociones generales sobre todos los ramos.

Se ponderan de continuo las ventajas de la division del trabajo en la industria, y no se advierte que este principio es tambien aplicable á la ciencia. Son pocos los hombres nacidos con felices disposiciones para todo. Muchos que podrian ser una excelente especialidad, dedicándose principal ó exclusivamente á un ramo, se inutilizan miserablemente aspirando á la universalidad. Son incalculables los daños que de esto resultan á la sociedad y á los individuos: pues que se consumen estérilmente muchas fuerzas que bien aprovechadas y dirigidas, habrian podido producir grandes bienes. Vaucanson y Vatt hicieron prodigios en la mecánica: y es muy probable que se hubieran distinguido muy poco en las bellas artes y en la poesía; Lafontaine se inmortalizó con sus Fábulas, y metido á hombre de negocios, hubiera sido de los mas torpes. Sabido es que en el trato de la sociedad, parecia á veces estar falto de sentido comun.

No negaré que unos conocimientos presten á otros grande auxilio, ni las ventajas que reporta una ciencia de las luces que le suministran otras, quizas de un órden totalmente distinto; pero repito que esto es para pocos, y que la generalidad de los hombres debe dedicarse especialmente á un ramo.