§ V.

Sensaciones reales, pero sin objeto externo. Explicacion de este fenómeno.

Ademas, es menester advertir que no siempre sucede que el alucinado atribuya á la sensacion mas de lo que ella le presenta; una imaginacion vivamente poseida de un objeto, obra sobre los mismos sentidos, y alterando el curso ordinario de las funciones, hace que realmente se sienta lo que no hay. Para comprender cómo esto se verifica, conviene recordar que la sensacion no se verifica en el órgano del sentido sino en el cerebro, por mas que la fuerza del hábito nos haga referir la impresion al punto del cual la recibimos. Estando el ojo muy sano nos quedamos completamente ciegos, si sufre lesion el nervio óptico; y privada la comunicacion de un miembro cualquiera con el cerebro, se extingue el sentido. De esto se infiere que el verdadero receptáculo de todas las sensaciones es el cerebro; y que si en una de sus partes se excita por un acto interno la impresion que suele ser producida por la accion del órgano externo, existirá la sensacion sin que haya habido impresion exterior. Es decir, que si al recibir el órgano externo la impresion de un cuerpo, la comunica al cerebro causando en el nervio A la vibracion ú otra afeccion B, y por una causa cualquiera, independiente de los cuerpos exteriores, se produce en el mismo órgano A la misma vibracion B, experimentaremos idéntica sensacion que si el órgano externo fuese afectado en la realidad.

En este punto se hallan de acuerdo la razon y la observacion. El alma se informa de los objetos exteriores mediatamente por los sentidos, pero inmediatamente por el cerebro; cuando este pues recibe tal ó cual impresion, no puede ella desentenderse de referirla al lugar de donde suele proceder, y al objeto que de ordinario la produce. Si se halla advertida de que la organizacion está alterada, se precaverá contra el error; pero no será dejando de recibir la sensacion, sino desconfiando del testimonio de ella. Cuando Pascal, segun cuentan, veia un abismo á su lado, bien sabia que en realidad no era así; mas no dejaba de recibir la misma sensacion que si hubiese habido el tal abismo, y no alcanzaba á vencer la ilusion por mas que se esforzase. Este fenómeno se verifica muy á menudo, y no se hace nada extraño á los que tienen algunas nociones sobre semejantes materias.

§ VI.

Maniáticos y ensimismados.

Lo que acontece habitualmente en estado de enfermedad cerebral, puede suceder muy bien cuando exaltada la imaginacion por una causa cualquiera, se pone actualmente enfermiza con relacion á lo que la preocupa. ¿Qué son las manías sino la realizacion de este fenómeno? Pues entiéndase que las manías estan distribuidas en muchas clases y graduaciones; que las hay continuas y por intervalos, extravagantes y arregladas, vulgares y científicas; y que así como Don Quijote convertia los molinos de viento en desaforados gigantes, y los rebaños de ovejas y carneros en ejércitos de combatientes, puede tambien un sabio testarudo descubrir con la ayuda de sus telescopios, microscopios y demas instrumentos, todo cuanto á su propósito cumpliere.

Los hombres muy pensadores y ensimismados corren gran riesgo de caer en manías sabias, en ilusiones sublimes; que la mísera humanidad, por mas que se cubra con diferentes formas segun las varias situaciones de la vida, lleva siempre consigo su patrimonio de flaqueza. Para una débil mujercilla el susurro del viento es un gemido misterioso, la claridad de la luna es la aparicion de un finado, y el chillido de las aves nocturnas es el grito de las evocaciones del averno para asistir á pavorosas escenas. Desgraciadamente, no son solo las mujeres las que tienen imaginacion calenturienta, y que toman por realidades los sueños de su fantasía[5].


CAPÍTULO VI.