Dada la existencia de un objeto, pertenece á la filosofía el desentrañarle, apreciarle y juzgarle; ya que en la acepcion comun, esta palabra filósofo, significa el que se ocupa en la investigacion de la naturaleza, propiedades y relaciones de los seres.
§ II.
Prudencia científica y observaciones para alcanzarla.
En el buen órden del pensamiento filosófico entra una gran parte de prudencia, muy semejante á la que preside á la conducta práctica. Esta prudencia es de muy difícil adquisicion, es tambien el costoso fruto de amargos y repetidos desengaños. Como quiera, será bueno tener á la vista algunas observaciones que pueden contribuir á engendrarla en el espíritu.
OBSERVACION 1ª.
La íntima naturaleza de las cosas nos es por lo comun muy desconocida: sobre ella sabemos poco é imperfecto.
Conviene no echar nunca en olvido esta importantísima verdad. Ella nos enseñará la necesidad de un trabajo muy asiduo, cuando nos propongamos descubrir y examinar la naturaleza de un objeto; dado que lo muy oculto y abstruso, no se comprende con aplicacion liviana. Ella nos inspirará prudente desconfianza en el resultado de nuestras investigaciones, no permitiéndonos que con precipitacion nos lisonjeemos de haber encontrado lo que buscamos. Ella nos preservará de aquella irreflexiva curiosidad que nos empeña en penetrar objetos cerrados con sello inviolable.
Verdad poco lisonjera á nuestro orgullo, pero indudable; certísima á los ojos de quien haya meditado sobre la ciencia del hombre. El Autor de la naturaleza nos ha dado suficiente conocimiento para acudir á nuestras necesidades físicas y morales, otorgándonos el de las aplicaciones y usos que para este efecto pueden tener los objetos que nos rodean; pero se ha complacido al parecer en ocultar lo demas; como si hubiese querido ejercitar el humano ingenio durante nuestra mansion en la tierra, y sorprender agradablemente al espíritu al llevarle á las regiones que le aguardan mas allá del sepulcro, desplegando á nuestros ojos el inefable espectáculo de la naturaleza sin velo.
Conocemos muchas propiedades y aplicaciones de la luz, pero ignoramos su esencia; conocemos el modo de dirigir y fomentar la vegetacion, pero sabemos muy poco sobre sus arcanos; conocemos el modo de servirnos de nuestros sentidos, de conservarlos y ayudarlos, pero se nos ocultan los misterios de la sensacion; conocemos lo que es saludable ó nocivo á nuestro cuerpo, pero en la mayor parte de los casos nada sabemos sobre la manera particular con que nos aprovecha ó daña. ¿Qué mas? calculamos continuamente el tiempo, y la metafísica no ha podido aclarar bien lo que es el tiempo; existe la geometría, y llevada á un grado de admirable perfeccion; y su idea fundamental, la extension, está todavía sin comprender. Todos moramos en el espacio, todo el universo está en él; le sujetamos á riguroso cálculo y medida; y la metafisica ni la ideología no han podido decirnos aun en qué consiste; si es algo distinto de los cuerpos, si es solamente una idea, si tiene naturaleza propia, no sabemos si es un ser ó nada. Pensamos y no comprendemos lo que es el pensamiento; bullen en nuestro espíritu las ideas, é ignoramos lo que es una idea; nuestra cabeza es un magnífico teatro donde se representa el universo con todo su esplendor, variedad y hermosura; donde una fuerza incomprensible crea á nuestro capricho mundos fantásticos, ora bellos, ora sublimes, ora extravagantes, y no sabemos lo que es la imaginacion, ni lo que son aquellas prodigiosas escenas, ni como aparecen ó desaparecen.
¡Qué conciencia mas viva no tenemos de esa inmensa muchedumbre de afecciones que apellidamos sentimientos! y sin embargo ¿qué es el sentimiento? El que ama siente el amor, pero no le conoce; el filósofo que se ocupa en el exámen de esta afeccion, señala quizas su orígen, indica su tendencia y su fin, da reglas para su direccion; pero en cuanto á la íntima naturaleza del amor, se halla en la misma ignorancia que el vulgo. Son los sentimientos como un flúido misterioso que circula por conductos cuyo interior es impenetrable. Por la parte exterior, se conocen algunos efectos; en algunos casos se sabe de dónde viene y adónde va, y no se ignora el modo de minorar su velocidad, ó cambiar su direccion; pero el ojo no puede penetrar en la oscura cavidad: el agente queda desconocido.