—¿Y cómo estaban ahora?
—A matar; esta misma mañana salian juntos de la casa del difunto, y hablaban ambos muy recio.
—¿Y el colono solia andar por aquí?
—Siempre; á dos pasos tiene un campo; y ademas la cuestion estaba (sino que esto sea dicho entre nosotros), la cuestion estaba sobre esas encinas del borde del precipicio. El dueño se quejaba de que él le echaba á perder el bosque, el otro lo negaba; como que en este mismo lugar estuvieron el otro dia á pique de darse de garrotazos. Miren Vds.... sino que uno no debe perder á un infeliz.... casi cada dia estaban en pendencias en este mismo lugar.
—Entónces no hable V. mas.... es una atrocidad! pero ¿cómo se prueba?....
—Y hoy vean Vds. como no está trabajando en el campo; y tiene por allí su apero.... y se conoce que ha trabajado hoy mismo..... vamos, ya no cabe duda; es evidente; el infeliz está perdido, porque esto respirará.....
Llega uno del pueblo.
—¡Qué desgracia!
—¿No lo sabia V.?
—No señores, ahora mismo me lo han dicho en su casa. Iba yo á verle, por si se apaciguaba con el pobre N. que está preso en la alcaldía...