§ VI.

Regla para meditar.

De lo dicho inferiré que para pensar bien no es buen sistema poner el espíritu en tortura, sino que es conveniente dejarle con cierto desahogo. Está meditando sobre un objeto, al parecer no adelanta; con la atencion sobre una cosa, diríase que está dormitando. No importa; no le violenteis; mira si descubre algun indicio que le guie; se asemeja al que tiene en la mano una cajita cerrada con un resorte misterioso, en la cual se quiere poner á prueba el ingenio, por si se encuentra el modo de abrirla. La contempla largo rato, la vuelve repetidas veces, ora aprieta con el dedo, ora forcejea con la uña, hasta que al fin permanece un instante inmóbil y dice: «aquí está el resorte, ya está abierta.»

§ VII.

Carácter de las inteligencias elevadas. Notable doctrina de santo Tomas de Aquino.

¿Porqué no se ocurren á todos ciertas verdades sencillas? ¿cómo es que el linaje humano haya de mirar cual espíritus extraordinarios á los que ven cosas que al parecer todo el mundo habia podido ver? Esto es buscar la razon de un arcano de la Providencia, esto es preguntar porqué el Criador ha otorgado á algunos hombres privilegiados una gran fuerza de intuicion, ó sea vision intelectual inmediata, y la ha negado al mayor número.

Santo Tomas de Aquino desenvuelve sobre este particular una doctrina admirable. Segun el santo Doctor, el discurrir es señal de poco alcance del entendimiento; es una facultad que se nos ha concedido para suplir á nuestra debilidad; y así es que los ángeles entienden, mas no discurren. Cuanto mas elevada es una inteligencia, ménos ideas tiene; porque encierra en pocas, lo que las mas limitadas tienen distribuido en muchas. Así los ángeles de mas alta categoría entienden por medio de pocas ideas; el número se va reduciendo á medida que las inteligencias criadas se van acercando al Criador, el cual como ser infinito é inteligencia infinita, todo lo ve en una sola idea, única, simplicísima, pero infinita: su misma esencia. ¡Cuán sublime teoría! Ella sola vale un libro; ella prueba un profundo conocimiento de los secretos del espíritu; ella nos sugiere innumerables aplicaciones con respecto al entendimiento del hombre.

En efecto, los genios superiores no se distinguen por la mucha abundancia de las ideas; sino en que estan en posesion de algunas, capitales, anchurosas, donde hacen caber al mundo. El ave rastrera se fatiga revoloteando, y recorre mucho terreno, y no sale de la angostura y sinuosidades de los valles: el águila remonta su majestuoso vuelo, posa en la cumbre de los Alpes, y desde allí contempla las montañas, los valles, la corriente de los rios, divisa vastas llanuras pobladas de ciudades, y amenizadas con deliciosas vegas, galanas praderas, ricas y variadas mieses.

En todas las cuestiones hay un punto de vista principal, dominante; en él se coloca el genio. Allí tiene la clave, desde allí lo domina todo. Si al comun de los hombres no les es posible situarse de golpe en el mismo lugar, al ménos deben procurar llegar á él á fuerza de trabajo; no dudando que con esto se ahorrarán muchísimo tiempo, y alcanzarán los resultados mas ventajosos. Si bien se observa, toda cuestion y hasta toda ciencia, tienen uno ó pocos puntos capitales á los que se refieren los demas. En situándose en ellos, todo se presenta sencillo y llano, de otra suerte no se ven mas que detalles y nunca el conjunto. El entendimiento humano, ya de suyo tan débil, ha menester que se le muestren los objetos tan simplificados como sea dable; y por lo mismo es de la mayor importancia desembarazarlos de follaje inútil, y que ademas, cuando sea preciso cargarle con muchas atenciones simultáneas, se las distribuya de suerte que queden reducidas á pocas clases, y cada una de estas vinculada en un punto. Así se aprende con mas facilidad, se percibe con lucidez y exactitud, y se auxilia poderosamente la memoria.

§ VIII.