EL ENTENDIMIENTO, EL CORAZON Y LA IMAGINACION.
§ I.
Discrecion en el uso de las facultades del alma. La reina Dido. Alejandro.
He dicho (Cap. XII) que para conocer la verdad en ciertas materias, era necesario desplegar á un mismo tiempo diferentes facultades del alma, y entre ellas he contado el sentimiento. Ahora añadiré que si bien esto es preciso cuando se trata de aquellas verdades, cuya naturaleza consiste en relaciones con dicho sentimiento, como todo lo bello ó tierno, ó melancólico ó sublime; no lo es cuando la verdad pertenece á un órden distinto que nada tiene que ver con nuestra facultad de sentir.
Si quiero apreciar todo el mérito de Virgilio en el episodio de Dido, es menester que no raciocine con sequedad, sino que imagine y sienta; pero si me propongo juzgar bajo el aspecto moral la conducta de la reina de Cartago, es preciso que me despoje de todo sentimiento, y que deje encomendado á la fria razon el fallar conforme á los eternos principios de la virtud.
Al leer á Quinto Curcio, admiro al héroe macedon, y me complazco en verle cuando se arroja impávido al traves del Gránico, vence en Arbela, persigue y anonada á Darío, y señorea el oriente. En todo esto hay grandeza, hay rasgos que no fueran debidamente apreciados, si se cerrara el corazon á todo sentimiento. La sublime narracion del sagrado Texto (1. Mach. Cap. 1) no será estimada en su justo valor, por quien no haga mas que analizar con frialdad. «Y sucedió que despues que Alejandro Macedon, hijo de Filipo, que fué el primero que reinó en Grecia, salido de la tierra de Cethim, derrotó á Dario rey de los Persas y de los Medos, dió muchas batallas, y conquistó las fortalezas de todos, y mató á los reyes de la tierra. Y pasó hasta los confines del mundo, y se apoderó de los despojos de numerosas gentes, y la tierra calló en su presencia....» Cuando uno llega á esta expresion, el libro se cae de las manos, y el asombro se apodera del alma. En presencia de un hombre la tierra calló..... Sintiendo con viveza la fuerza de esta imágen, se forma la mayor idea que formarse pueda del héroe conquistador. Si para conocer esta verdad, abstraigo y discurro y cavilo, y ahogo mis sentimientos, nada comprenderé; es preciso que me olvide de toda filosofía, que no sea mas que hombre, y que dejando la fantasía en libertad, y el corazon abierto, mire al hijo de Filipo, saliendo de la tierra de Cethim, marchando con pasos de gigante hasta la extremidad del orbe, y contemple á la tierra, que amedrentada calla. Pero si me propongo examinar la justicia y la utilidad de aquellas conquistas, entónces será preciso cortar el vuelo á la imaginacion, amortiguar los sentimientos de admiracion y entusiasmo; será preciso olvidar al jóven monarca rodeado de sus falanges, y descollando entre sus guerreros como el Júpiter de la fábula entre el cortejo de los dioses; será necesario no pensar mas que en los eternos principios de la razon, y en los intereses de la humanidad. Si al hacer este exámen dejo campear la fantasía y dilatarse el corazon, erraré; porque la radiante auréola que orla las sienes del conquistador, me deslumbrará, me quitará la osadía de condenarle, me inclinará á la indulgencia por tanto genio y heroismo; y se lo perdonaré todo, cuando vea que en la cumbre de su gloria, á la edad de 33 años, se postra en un lecho y conoce que se muere. Et post hæc decidit in lectum, et cognovit quia moreretur. (Machab. lib. 1. cap. 1.)
§ II.
Influencia del corazon sobre la cabeza. Causas y efectos.
A cada paso se observa la mucha influencia que sobre nuestra conducta tienen las pasiones; y el insistir en probar esto, seria demostrar una verdad demasiado conocida. Pero no se ha reparado tanto en los efectos de las pasiones sobre el entendimiento, aun con respecto á verdades que nada tienen que ver con nuestras acciones. Quizas sea este uno de los puntos mas importantes del arte de pensar, y por lo mismo lo expondré con algun detenimiento.
Si nuestra alma estuviese únicamente dotada de inteligencia, si pudiese contemplar los objetos sin ser afectada por ellos, sucederia que en no alterándose dichos objetos, los veríamos siempre de una misma manera. Si el ojo es el mismo, la distancia la misma, el punto de vista el mismo, la cantidad y direccion de la luz las mismas, la impresion que recibamos no podrá ménos de ser siempre la misma. Pero cambiada una cualquiera de estas condiciones, cambiará la impresion; el objeto será mas ó ménos grande, los colores mas ó ménos vivos ó quizas del todo diferentes; su figura sufrirá considerables modificaciones, ó tal vez se convertirá en otra nada semejante. La luna conserva siempre su misma figura, y no obstante nos presenta de continuo variedad de fases; una roca informe y desigual se nos ofrece á lo léjos como una cúpula que corona un soberbio edificio; y el monumento que mirado de cerca es una maravilla del arte, se divisa á larga distancia como una peña irregular, desgajada, caida á la aventura en las faldas del monte.