En efecto: segun la doctrina que precede, un cuerpo solo, no podria tener ninguna de las partes de su superficie en disposicion tal, que la línea mas corta de un punto á otro cualquiera, pasase por fuera del cuerpo. Ese fuera, existiendo el cuerpo enteramente solo, seria un puro nada; luego en él no hay distancias que puedan ser medidas por líneas. Con esto se excluyen una muchedumbre de figuras irregulares, y encontramos la regularidad geométrica brotando en cierto modo una idea metafísica.
Se infiere de lo dicho que un cuerpo con ángulos entrantes, existiendo solo, es un absurdo. Porque su figura exige que el punto A, vértice de un ángulo saliente, diste del punto D, vértice de otro ángulo, la distancia A D. Esta distancia no puede existir, porque donde no hay cuerpo, no hay distancia. Luego existiria y no existiria la distancia á un mismo tiempo, lo que es contradictorio.
Tenemos pues que este cuerpo solo, es un absurdo, en no llenándose el volúmen indicado por las capacidades contenidas en los ángulos entrantes.
Con el resultado anterior concuerda de un modo particular, lo que notamos en la naturaleza; la cual parece inclinarse á terminarlo todo por líneas y superficies curvas. Curvas son las órbitas de los astros; y superficies curvas terminan tambien los astros mismos. Es verdad que las grandes irregularidades que se notan en la superficie de ellos, parecen destruir la conjetura; pero es necesario advertir que en estas irregularidades no está el límite de su figura, sino en la atmósfera que los rodea; y que siendo un flúido no las tendrá.
[88.] Aquí se ofrece otra consecuencia bastante extraña, y es que estamos precisados á admitir la existencia de una superficie geométrica perfecta: y esto à priori.
Si donde no hay cuerpo, la distancia es metafísicamente imposible, esto se verificará así en las grandes como en las pequeñas, aun en las infinitésimas: por cuya razon se ha dicho que era imposible todo vacío diseminado. Ahora bien; es evidente que una superficie no es perfecta, si en ella hay puntos que salen mas que otros; de suerte que se va acercando mas á la perfeccion geométrica, cuanto menos salen. Si pues ninguno puede salir, resultará realizada la superficie geométrica. Es así que por lo demostrado, la superficie última del universo se halla en este caso; luego resulta lo que nos proponemos demostrar.
Hemos demostrado que era imposible que la última superficie tuviese la forma exterior con ángulos entrantes. Luego será tambien imposible que la tenga con prominencias, aun las mas pequeñas. La diferencia está en el mas y en el menos; lo que no destruye la imposibilidad metafísica. Luego es absolutamente necesario que en la última superficie desaparezcan todos los ángulos entrantes, aun los infinitésimos. Lo que dará una superficie geométrica perfecta.
CAPÍTULO XIV.
OTRA CONSECUENCIA IMPORTANTÍSIMA.
[89.] Voy por fin á sacar la última consecuencia, notable por lo trascendental, y que parece digna de ser examinada con detenimiento, por los que hacen marchar de frente sus estudios físicos y metafísicos. Héla aquí.