[108.] Aquí hay una confusion de ideas que conviene aclarar. ¿Qué se necesita para el fenómeno de la sensacion de lo extenso? Adviértase que no trato de la apreciacion de las dimensiones, sino simplemente de la extension representada, sea como fuere. Para este fenómeno, no veo yo que se necesite nada à priori; á no ser que se entienda la facultad de sentir, la que en efecto existe à priori, es decir que es un hecho primitivo de nuestra alma en sus relaciones con la organizacion del cuerpo que le está unido, y de los demás que le rodean. Bajo ciertas condiciones de nuestra organizacion, y de los cuerpos que la afectan, el alma recibe las impresiones de ver ó tocar, y con ellas la de la extension. Esta no se presenta en abstracto, ni como separada de las demás sensaciones que la acompañan, sino en confuso con ellas. El alma no reflexiona entonces para considerar lo uno puesto aquí, lo otro allá, lo demás acullá, sino que tiene una intuicion de esta disposicion de las partes, nada mas. Mientras el hecho se limita á la pura sensacion, es comun al sabio, al ignorante, al adulto, al niño, y hasta á todos los animales. Esto, no necesita nada à priori, si por tal no se entiende, la facultad de sentir: lo que no significando otra cosa sino que un ser para sentir, es necesario que tenga la facultad de sentir, no se debe anunciar como un descubrimiento filosófico.

[109.] No hay tal descubrimiento en la doctrina de Kant sobre el espacio: no hay mas que, por una parte, la consignacion de un hecho muy sabido; y por otra, la renovacion del idealismo. La consignacion de un hecho muy sabido: pues á esto equivale el hacer notar que la intuicion del espacio es una condicion subjetiva necesaria para que podamos percibir las cosas unas fuera de otras. La renovacion del idealismo; en cuanto se niega á esta extension toda realidad, considerando las cosas, y su disposicion en el espacio, como puros fenómenos, ó sea meras apariencias. La parte de observacion es verdadera en el fondo; porque en efecto, nos es imposible percibir la exterioridad de las cosas entre sí, y con respecto á nosotros, sin la intuicion del espacio; pero tal vez no está expresada con bastante exactitud, porque esta intuicion del espacio es la misma percepcion de la exterioridad; y por consiguiente, mas bien debiera decirse que la intuicion del espacio y esta percepcion son cosas idénticas, que no que la primera sea una condicion indispensable para la segunda.

[110.] Anteriormente á las impresiones, no hay semejante intuicion; y reflexionando bien sobre ella, en cuanto es pura intuicion, y separada de los conceptos intelectuales, no es concebible sin andar acompañada de alguna representacion de los cinco sentidos. Imaginémonos el espacio puro, sin ninguna de estas representaciones, sin dejarle siquiera esa vaguedad sombría que fingimos en las regiones de mas allá del universo; ¿qué nos resta? La imaginacion se encuentra sin objeto: la intuicion cesa; y solo nos quedan los conceptos puramente intelectuales, que nos formamos de la extension; las ideas de un órden de seres posibles, la afirmacion ó la negacion de la existencia de este órden; segun sean las opiniones que profesemos sobre la realidad ó no realidad del espacio.

[111.] Es claro que de una serie de puras sensaciones, nada resulta general, nada que pueda servir de fundamento á una ciencia. Son un conjunto de fenómenos que dejarán huella en la memoria del ser sensible, que se enlazarán de cierto modo, para que en repitiéndose la representacion del uno, se excite la del otro; pero no darán ningun resultado general, que sirva de fundamento á la geometría. El perro habrá visto á un hombre que se inclinaba hácia el suelo, que despues se movia, y le arrojaba una piedra; y á consecuencia habrá experimentado una sensacion dolorosa; cuando vea pues á otro hombre en la actitud de inclinarse, y en seguida tomando el ademan de la otra vez, echará á correr; porque enlazadas en su memoria las sensaciones de inclinarse, del ademan, y del dolor, se excitará la tercera con la presencia de las dos primeras: y el instinto de preservarse del daño, le inspirará la fuga.

[112.] Cuando estas sensaciones se hallan en un ser inteligente, excitan otros fenómenos internos, distintos de la mera intuicion sensitiva. Sea que en nuestro espíritu se hallen las ideas generales, sea que se formen con el auxilio de la sensacion, lo cierto es que se desarrollan en presencia de ella. Así en el caso presente, no solo tenemos la intuicion sensitiva de la extension, sino que percibimos algo comun á todas las cosas extensas: la extension deja de ser un objeto particular, y pasa á ser como una forma general aplicable á todas las cosas extensas. Entonces, ya no hay la intuicion de lo extenso, hay la percepcion de la extension en sí; entonces, comienza la reflexion sobre la idea, y su consiguiente descomposicion; de lo cual brotan como fecundos gérmenes algunos principios, que se desarrollan hasta lo infinito, formando ese inmenso árbol de ciencia que se apellida geometría.

[113.] El tránsito de la sensacion á la idea, de lo contingente á lo necesario, del hecho particular á la ciencia general, ofrece importantes consideraciones sobre el orígen y naturaleza de las ideas, y elevado carácter del espíritu humano.

Kant parece haber confundido la imaginacion del espacio con la idea: á pesar de sus esfuerzos analíticos, no ha profundizado tanto como él se figura, cuando considera el espacio como un receptáculo de los fenómenos; esta, repito, es una idea muy comun; solo que Kant le ha destruido la objetividad, haciendo del espacio una condicion puramente subjetiva. Segun este filósofo, el mundo es el conjunto de las apariencias que se presentan á nuestro espíritu: y así como nos imaginamos en lo externo, un receptáculo sin límites que lo contenga todo, y no sea nada de lo contenido, así él ha colocado en nuestro interior el espacio, como una condicion preliminar, como una forma de los fenómenos, como una capacidad en la cual los pudiéramos distribuir y ordenar.

[114.] En esto ha confundido Kant la imaginacion vaga, con la idea. Hé aquí los límites de estas cosas. Vemos un objeto: tenemos la sensacion, y la intuicion de la extension. El espacio percibido ó sentido, es en este caso la extension misma sentida. Imaginamos muchos objetos extensos, y una capacidad en que todo está contenido. Ella se nos presenta en nuestra imaginacion, como la inmensidad de las regiones etéreas, como abismos insondables, como regiones tenebrosas, mas allá de los límites de la creacion. Hasta aquí no hay idea, no hay mas que imaginacion, nacida de que al comenzar á ver los cuerpos, no vemos el aire que los rodea, y la trasparencia de este nos permite ver objetos lejanos, y así desde nuestra infancia nos acostumbramos á imaginar una capacidad vacía, donde están situados todos los cuerpos y distinta de ellos.

Hasta aquí no hay idea del espacio, no hay sino imaginacion de él; especie de idea sensible, tosca, comun probablemente al hombre y al bruto. La verdadera idea, la digna únicamente de este nombre, es la que tiene el espíritu cuando concibe la extension en sí misma, sin ninguna mezcla de sensacion, y que es como la semilla de toda la ciencia geométrica.

[115.] Y aquí es menester observar que la palabra representacion, aplicada á las ideas puramente intelectuales, debe ser tomada en sentido metafórico, á no ser que eliminemos de su significado todo cuanto se puede referir al órden sensible. Por las ideas conocemos los objetos; pero no se nos representan los objetos. La representacion propiamente dicha, no tiene lugar sino en la imaginacion, que por necesidad se refiere á cosas sensibles. Si demuestro las propiedades del triángulo, claro es que le conozco, que tengo una idea de él; pero esta idea no es aquella representacion interior que se me ofrece como en un encerado. Esta representacion la tiene todo el mundo, la tienen los mismos irracionales; y sin embargo no se puede decir que los brutos tengan idea del triángulo. Aquella representacion es igualmente perfecta en todos; no hay en ella mas y menos; quien se imagina tres líneas, cerrando una área, posee la representacion del triángulo con tanta perfeccion como Arquímedes; lo que no puede verificarse de la misma idea del triángulo, que evidentemente es susceptible de muchos grados de perfeccion.