[187.] Los cuerpos se nos presentan en la intuicion sensible con magnitudes determinadas, y estas en cierta relacion fija, que nosotros calculamos, comparándola con una extension inmóvil, cual nos figuramos el espacio. Por la magnitud ocupan los cuerpos cierto lugar, tambien determinado, aunque mudable con el movimiento. Por la relacion de las magnitudes, ocupan mayor ó menor lugar, y se excluyen recíprocamente de uno mismo: esta exclusion la llamamos impenetrabilidad. La cuestion que aquí se ofrece es la siguiente: la determinacion de las magnitudes, y la relacion de ellas con respecto á la ocupacion de lugares, ¿son cosas absolutamente necesarias de manera que su alteracion envuelva contradiccion? nó.

[188.] La relacion al lugar, considerando á este como una porcion del espacio puro, no significa nada; pues ya hemos visto que este espacio no es mas que una simple abstraccion de nuestro entendimiento, y que en sí mismo no tiene ninguna realidad: es nada. Luego la relacion á él, será tambien nada, á causa de que la relacion es nula, cuando falta el término á que se ordena. Luego todas las relaciones de los cuerpos á los lugares, no pueden ser otra cosa que las relaciones de los cuerpos entre sí.

[189.] Este es el principal punto de vista en las presentes cuestiones; el entendimiento se confunde, cuando comienza por suponer al espacio una naturaleza absoluta, con relaciones necesarias con todos los cuerpos. Recuérdese la doctrina de los capítulos (XII, XIII, XIV y XV) donde se explica cómo se engendra en nosotros la idea del espacio, qué objeto le corresponde en la realidad y de qué manera; y se echará de ver que esas relaciones absolutas y esenciales, que creemos descubrir entre los cuerpos y una capacidad vacía y real, son ilusiones de nuestra imaginacion, efecto de que no depuramos bastante el órden ideal, de que no le separamos de las impresiones sensibles. En estas cuestiones, no se puede entender nada, ni aun el sentido de ellas, si no se hace un esfuerzo por lograr esta separacion, en cuanto es posible á nuestra naturaleza. Si esto se consigue, las cuestiones que voy á examinar en los capítulos siguientes, parecerán muy filosóficas; y su resolucion, si nó verdadera, al menos verosímil; pero si se confunden cosas tan distintas como son el órden intelectual puro, y el sensible, dichas cuestiones parecerán absurdas. Es inadmisible el idealismo que destruye el mundo real; pero no lo es menos el empirismo que aniquila el órden ideal; si no pudiéramos elevarnos sobre las representaciones sensibles, debiéramos renunciar á la filosofía, dejando el pensar, y limitándonos á sentir.

CAPÍTULO XXVII.

SI TODO HA DE ESTAR EN ALGUN LUGAR.

[190.] ¿Es necesario que todo lo que existe esté en algun lugar? hé aquí una cuestion extraña á primera vista, pero en el fondo muy filosófica. Ser, no es lo mismo que estar en un lugar; el ser, ya se tome sustantivamente en cuanto significa existir, ya copulativamente en cuanto expresa la relacion de un predicado con un sujeto, no envuelve la idea de estar en un lugar. La relacion de un objeto con un lugar, no le es necesaria, pues que no la encontramos en su nocion: es una cosa añadida, ya se la demos nosotros atribuyéndosela con mas ó menos fundamento, ya la tenga en realidad, ó comunicada por otro, ó en cuanto se le considera en relacion con otro.

La imaginacion no se figura nada que no esté situado; pero el entendimiento puede concebir las cosas sin situacion en ningun lugar. Cuando reflexionamos sobre la esencia de los objetos, ¿los consideramos por ventura con alguna situacion? nó. El acto intelectual va acompañado de las representaciones sensibles, que á veces le auxilian, y otras le embarazan y confunden; pero en todo caso el acto del entendimiento es siempre distinto de ellas.

[191.] ¿Qué razon hay para decir que todo ha de estar en algun lugar? ninguna. La imaginacion no lo alcanza; pero el entendimiento no descubre ningun absurdo; antes por el contrario, lo ve muy ajustado á los principios de la filosofía. Si el lugar considerado en sí, no es mas que una porcion del espacio terminada por alguna superficie, y el espacio abstraido de los cuerpos no es nada; la relacion á los lugares, ó sea á puntos designados ó designables en el espacio, no será nada; es preciso pues apelar á los cuerpos para encontrar un término de la relacion; luego si suponemos un ser que no tenga ninguna relacion con los cuerpos, no es necesario que esté en ningun lugar.

[192.] La relacion de un ser con los cuerpos puede ser de tres maneras: la de conmensurabilidad, como lo es la de las líneas, superficies y volúmenes entre sí; la de generacion, como concebimos que la línea se engendra por el punto; y la de accion, en general, como concebimos la de los espíritus puros sobre la materia. La primera relacion no existe ni puede existir, cuando el objeto que ha de tenerla carece de dimensiones: pues entonces no es mensurable; la segunda, solo cabe en los puntos inextensos ó infinitésimos, con que se engendra la extension; de lo que se infiere que dichas dos relaciones no pueden tener cabida sino entre los cuerpos ó sus elementos generadores. Luego todo lo que no sea cuerpo ó elemento corpóreo, no puede estar situado bajo ninguno de estos conceptos. En cuanto á la tercera relacion, esto es, la de accion de una causa sobre un cuerpo, puede hallarse en todos los agentes capaces de obrar sobre la materia; pero es evidente que la situacion que de ésto resulte, será muy diferente de la que concebimos en los cuerpos ó en sus elementos: es cosa de un órden totalmente distinto, que mas bien se refiere á la idea pura de causalidad, que nó á la intuicion del espacio.

[193.] Es claro que podemos concebir un ser que no sea cuerpo, ni elemento de los cuerpos, ni ejerza sobre los mismos ninguna accion: en cuyo caso, este ser no tendrá ninguna de las tres relaciones expresadas; luego no estará en ningun lugar: y el decir que está aquí ó que está allá, que está cercano ó que está distante, será emplear palabras sin sentido.