Para resolver acertadamente esta cuestion es preciso recordar, que ser sentido puede entenderse de dos maneras: 1.º causar una impresion en el ser sensitivo: 2.º ser objeto inmediato de la intuicion sensible. Lo primero puede verificarse de todo ser, capaz de producir la impresion; lo segundo, solo puede verificarse de un ser que reuna las condiciones incluidas en la intuicion.

[211.] Producir la impresion, es simplemente causar; y la causalidad no repugna á los seres simples. De aquí es que no hay ningun inconveniente en que un espíritu nos produzca de esta manera una de las impresiones sensibles: de lo contrario seria menester decir que Dios no puede ejercer su accion sobre nuestra alma, causando en ella la sensacion sin el intermedio de los cuerpos. Esta causalidad, no podria llamarse sensibilidad pasiva: el ser que la tuviese, no seria propiamente sentido. La relacion de la sensacion, al ser que la produjese, seria únicamente la del efecto á su causa.

[212.] Ser objeto inmediato de la intuicion sensible, es presentarse á ella, como un original á su copia; y bajo este aspecto, no puede ser sentido sino lo que es extenso: esto es, lo que encierra en sí la multiplicidad, combinada con eso que llamamos continuidad, y que sea lo que fuere en sí, es una condicion absolutamente necesaria para nuestras facultades sensitivas, en cuanto se refieren á objetos externos.

[213.] De esta manera, lo simple no puede ser sensible: afirmar lo contrario, seria caer en una contradiccion manifiesta. Nuestra intuicion sensible, á la cual, por instinto y por razon, le damos un objeto real, se refiere á este objeto, como esencialmente compuesto, y en este órden que llamamos continuidad: si pues convertimos á este objeto en simple, destruimos el objeto como sensible: y por consiguiente afirmamos y negamos su objetividad sensible. El suponer en ejercicio una facultad, y quererla privar de las condiciones á que sus funciones están sometidas necesariamente, es una contradiccion.

[214.] Se observará tal vez, que no hay necesidad de trasladar al objeto las condiciones del sujeto, y que por lo mismo, aun siendo el objeto simple, se puede ofrecer al sentido; pero esto es cambiar el estado de la cuestion: porque, ó la intuicion sensible se refiere al objeto ó nó: si lo primero, el objeto no puede ser simple; si lo segundo, estamos otra vez en la cuestion del idealismo, combatido ya en varios lugares de esta obra.

[215.] Si se replica que en nuestra alma, siendo simple, hay la representacion de lo compuesto; observaré que no es lo mismo la percepcion subjetiva de lo compuesto, que la representacion objetiva: así como no es lo mismo ofrecerse objetivamente como múltiplo, ó percibir lo múltiplo. Nuestra alma percibe lo múltiplo, y por lo mismo que lo percibe, ella no puede serlo, es necesario que sea una. Esto en cuanto á lo subjetivo; por lo que toca á lo objetivo, conviene notar, que las representaciones sensibles no las tenemos siempre de objetos reales, pero se refieren siempre á objetos cuando menos posibles, es decir que la intuicion, no está enteramente vacía, sino que á falta del órden de la realidad, necesita el de la posibilidad.

[216.] El mundo externo, como que encierra la multiplicidad, ó sea un conjunto de muchos seres, y es además susceptible de este órden que llamamos continuidad, puede ser objeto de la intuicion sensible, como en realidad lo experimentamos. Pero esta sensibilidad pasiva, no le es intrínsecamente necesaria: quiero decir, que el mismo conjunto de seres que componen el universo, podria Dios haberle dispuesto de tal manera que no fuese sensible. La razon de esto no es otra que la variabilidad de las relaciones de los cuerpos: porque es evidente que si estas no existiesen, ó no estuviesen sometidas á las condiciones exigidas para la representacion sensible, esta no podria verificarse, y el mundo quedaria despojado de su sensibilidad.

[217.] De esta consecuencia á que nos lleva la filosofía trascendental, tenemos algunos indicios en la experiencia misma, la cual á cada paso nos enseña que los cuerpos sensibles dejan de serlo, y los insensibles se nos hacen sensibles, con solo mediar una pequeña alteracion. La condensacion del aire lo hace visible; la rarefaccion, invisible; un cuerpo líquido es tangible, y pierde esta calidad, pasando al estado de vapor. La variedad que dimana de las alteraciones del objeto, puede tambien provenir de las modificaciones del órgano. Basta recordar lo que le sucede á la vista, segun está auxiliada ó privada de ciertos instrumentos. Si pues, aun salvas las leyes que ahora son fundamentales en las relaciones de los cuerpos, notamos esos tránsitos de lo sensible á lo insensible, ¿por qué no podria haber un cambio radical en dichas relaciones, que hiciese los cuerpos de todo punto insensibles?

[218.] Con variar las relaciones de los seres que componen el universo corpóreo, lo sensible podria convertirse en insensible; y por el contrario, deberemos decir que hay muchos seres insensibles, que con una disposicion diferente, podrian hacérsenos sensibles. Hasta cierto punto, tenemos en esta parte algo mas que leves conjeturas: los hechos hablan. A medida que se va dilatando el campo de la experiencia, se descubren nuevos fenómenos: ahí están los de la atraccion magnética, de la electricidad, y del galvanismo. En estos fenómenos, obran agentes que en sí mismos son imperceptibles al sentido: ¿por qué no habrian podido estar dispuestos de manera que los sintiéramos como á los demás cuerpos? ¿En qué punto está el límite de la escala de esos agentes? Nosotros no le conocemos: y discurriendo por analogía podemos conjeturar que está muy lejos todavía, para lisonjearnos de alcanzarle.

La perfeccion de un órgano sensitivo por medio de instrumentos, es una disposicion por la cual variamos el sistema ordinario de las relaciones de nuestro cuerpo con los que le rodean: y esta perfeccion está en una escala indefinida, en la cual descubrimos tanta mayor extension, cuanto mas adelantamos en ella. Es probable pues, que en el universo hay muchos seres imperceptibles á nuestros sentidos, y para cuya percepcion seria bastante una modificacion de los órganos, ó un cambio en algunas leyes de la naturaleza. ¡Ancho campo de atrevidas conjeturas, y meditaciones sublimes!