[226.] ¿En qué consiste pues la moralidad absoluta? ¿dónde se halla el manantial oculto del cual fluye ese raudal de belleza que todos sentimos, que lo inunda todo, hermoseándolo todo; ese raudal con cuya falta se marchitaria el mundo de las inteligencias?
Me parece que en este punto, como en muchos otros, la ciencia no ha notado bastante la admirable profundidad de la Religion cristiana; esta lo ha dicho todo con una palabra tan tierna, como llena de sentido: Amor.
Permítaseme llamar muy particularmente la atencion de los lectores sobre la teoría que voy á desenvolver. Despues de tantas dificultades como hemos amontonado hasta aquí, sobre el fundamento del órden moral, necesario es que procuremos adquirir alguna luz sobre un objeto tan importante. Esta luz nos confirmará mas y mas una verdad que la ciencia nos pone de manifiesto repetidas veces: cuando se llega á los principios de las ciencias, ó á sus últimos resultados, estad seguros de que las ideas cristianas no os serán inútiles, y que os comunicarán alguna leccion de trascendencia; en el edificio de los conocimientos humanos las hallaréis iluminando el cimiento y la cúpula.
No se imagine el lector, que en vez de una teoría científica, voy á ofrecerle un capítulo de mística: estoy seguro de que al concluir la lectura, se hallará convencido, de que aun bajo el aspecto puramente científico, hay en esta doctrina mucha mas exactitud y profundidad que en otras cuyos autores se guardan de emplear la palabra Dios, como si este nombre augusto manchase las páginas de la ciencia.
[227.] La moralidad absoluta es el amor de Dios; todas las ideas y sentimientos morales son aplicaciones y participaciones de este amor.
Hagamos la prueba llevando este principio fecundo á todas las regiones del mundo moral.
¿Qué es la moralidad absoluta en Dios? ¿cuál es el atributo del ser infinito que llamamos santidad? El amor de sí mismo, de su perfeccion infinita. En Dios no hay deber propiamente dicho, hay necesidad absoluta de ser santo; porque tiene necesidad absoluta de amar su perfeccion infinita. Así la moralidad en su sentido mas absoluto, en su grado mas alto, esto es la santidad infinita, es independiente de todo libre albedrío. Dios no puede dejar de ser santo.
[228.] Pero se preguntará por qué Dios se ha de amar á sí mismo? esta cuestion carece de sentido cuando se profundiza la materia sobre que versa; porque supone que se puede expresar exactamente en términos relativos lo que es enteramente absoluto. La proposicion: Dios se ha de amar á sí mismo no es exacta; la rigurosa exactitud solo se halla en esta otra: Dios se ama á sí mismo; porque expresa de una manera absoluta, un hecho absoluto. Si ahora se pregunta ¿por qué Dios se ama á sí mismo? responderemos que tanto valdria preguntar: por qué Dios se conoce á sí mismo; ó por qué entiende la verdad, ó por qué existe; en llegando á estas cuestiones nos encontramos en el orígen primitivo, con cosas absolutas, incondicionales; entonces, todo porque es absurdo.
[229.] Infiérese de esta doctrina que no es exacto que la moralidad no pueda ser expresada en una proposicion absoluta. Ella en sí misma, en su grado infinito, es una verdad absoluta; implica una identidad cuyo opuesto es contradictorio; por manera que considerada en su mayor altura, está no menos ligada con el principio de contradiccion, que todas las verdas metafísicas y geométricas. Hé aquí su fórmula mas simple: El ser infinito se ama á sí mismo.
[230.] Continuemos desenvolviendo esta doctrina.