—Asina jué que dijo Lino Rojas, en una noche igualita qu'ésta, que Dios nos libre y guarde, en que machazas nubes picazas iban corcobiando por el cielo, jineteadas por rayos y centellas... Hablan del delubio... ¡qu'el delubio!... Nosotros habiamo desensillao en un altito'e mala muerte... supóngase como... como la chiquisuela' e una pata'e ñandú!... Pa'este lao de acá, el arroyo 'e los Cordales fufaba echando espumas; pa'este otro lao, la Cañada Brava rezongaba como sargento qu'el comesario ausente ha dejao a cargo'el distrito. Pu'aquí y pu'allí, las ovejas pasaban boyando, con las patas p'arriba y los ojos duros... esos ojos asina como ponen las ovejas y los cristianos cuando se áugan... Los truenos roncaban furiosos y los relámpagos y los rayos, se cruzaban, se misturaban, formando como rollos de víboras blancas y jediondas...
—¿Y jué entonces que Lino Rojas dijo?...—interrumpió uno de la tertulia...
—¡Jesús María!—continuó el narrador... Pero el agua y el viento y las centellas le metían cada vez más juerte. Pa sujetar los caballos qu'enloquecidos, bufaban amenazando arrancar las estacas y dejarnos a pie en aquel infierno, tuvimo que levantarnos y asujetarlos del maniador. Los recaos se hicieron sopa y como los ponchos, en vez de servirnos, nos embolsaban, levantaos pu'el ventarrón, tuvimos que sacarlos y tirarlos.
Entonces Lino Rojas, qu'era muy rabioso y muy boca sucia, encomenzó a tirarle a Dios con las palabras más fieras. Y dispués siguió con los santos y luego con la Virgen, poniéndolas como basurero...
—Sosegate, le aconsejé yo: pero él no m'hizo caso; y en una de esa, con un rejucilo grande, el mancarrón pegó una sentada y lo voltió en un charco. Rabioso de un todo y viendo que ni Dios, ni los santos, ni la Virgen le hacían caso, gritó, abriendo la boca:
—¡Me ca... igo en la perra madre que m'echó al mundo!...
El no dijo «perra», dijo otra palabra más fiera... Y en el mesmo instante, ¡hermanitos! un rayo grueso como una víbora 'e la cruz, ¡le dentro por la boca y le dejó seco!...
—Al día siguiente, cuando yo lo revisé...
—¿Estaba muerto?