A la china más bonita
del pago del Abrojal,
le puse ayer con mis labios
un amoroso bozal...
—Miente... nao... no vino tuavía...—dijo maliciosamente el viejo Serafín.
Juan José, amoscado, apoyó la guitarra en el muslo, y encarándose con los del grupo, interrogó:
—¿Pa qué ráir?... Unos porque entuavía no han emplumao, y otros porque ya de viejos se les cáin las plumas, coligen que yo no he de encontrar árbol ande rascarme... Pues güeno: sepan que me via'casar.
—De los pelos... del chancho no se hacen más que cepillos,—replicó Federico.
Juan José sofrenó un impulso de acometer con frase ruda, y cambiando de ritmo entonó una vidalita:
Ayer me dijiste: